Abierta 24 horas

Publicado en Otros Cuadernos el 15 de Enero, 2009, 19:15 por Yo Soletina
Enredando por ahí me encontré con un blog que me causó "una vivísima impresión", por definirlo de alguna manera. Su autora, y protagonista se llama María, y ha creado un espacio donde exibirse en cuerpo y alma.
Además de ser una bella mujer, cómo podreis comprobar, tiene un estilo directo, sin ambigüedades ni disimulos que me resulta terriblemente excitante.
En "Abierta 24 Horas" , María nos muestra su cuerpo, nos cuenta sus experiencias y levanta un monumento a su deseo que me fascina. Yo se bien la excitación que produce escribir historias que sabes que van a causar excitación. Alguna vez he hablado de ello. María da un paso más allá (o siete), y busca excitarnos con sus relatos, con sus fotos, con sus videos, con las fotos que le mandan sus admiradores eyaculando sobre ellos...
Y, por si faltara algo, además resulta ser una mujer encantadora.
Os la recomiendo mucho, mucho, mucho. A mi, por lo menos, me dan unas ganas de comerme a María...
Por el momento no pondré una foto, por que alguna vez he recibido algún reproche (perfectamente comprensible) por hacerlo, pero no dejeis de pasar a verlas vosotros mismos, que os gustarán.

Sandra 2: ascendencia y caída

Publicado en Cuentecillos el 5 de Enero, 2009, 0:00 por Yo Soletina
  • Dime, cariño... ¡Hombre, los hermanos Solana de Cabañas al completo! ¡Cuanto honor!


Sandra sonrío al ver que Carlos, su marido, la esperaba en el despacho con el rostro cariacontecido en compañía de Antonio y Pedro, sus hermanos. Antonio manifestaba un súbito y extraño interés por el diseño de la antigua alfombra persa, mientras que Pedro y Carlos miraban a la pantalla de su ordenador de sobremesa cómo sin terminar de dar crédito a lo que fuera que vieran en ella.


No parecía terminar de decidirse sobre el modo de abordar la cuestión, y acabó, casi balbuceando, por espetársela con uno de aquellos circunloquios que, por su condición de abogado, solía utilizar para camelar a los jurados haciendo parecer que decía lo contrario de lo que quería sembrar en la mente de su audiencia.


  • Verás... Resulta que Antonio ha recibido en su correo un mensaje anónimo que contiene unas fotos donde apareces... Bueno, no cabe duda de que se trata de un montaje. Parece que han puesto tu cara en unas cuantas fotografías porno... Mira.


En la primera de ellas podía vérsela arrodillada, rodeada de hombres con los rostros convenientemente emborronados, tragándose el sexo de uno de ellos mientras sus manos sujetaban los de otros dos y un cuarto restregaba el suyo en su cara. Se apreciaba perfectamente que unas manos, a cuyo propietario no podía apreciarse, amasaban sus senos, y otra más, que no se podía adivinar si pertenecía a la misma persona, se afanada en su sexo.


  • ¡Caramba! -fingió sorpresa.

  • Ya les he comentado que son un montaje muy burdo.

  • A ver, a ver, sigue enseñándome...

Sigue leyendo

Sandra 1: Hotel Verona

Publicado en Cuentecillos el 2 de Enero, 2009, 19:26 por Yo Soletina
  • Hijo de puta, cabrón, cabrón, cabrón...


Caminaba deprisa, en círculos alrededor de la mesa donde el teléfono permanecía mudo. Tenía los ojos enrojecidos de llanto, y una expresión indignada: los labios tensos, el ceño fruncido, y una gran resolución en la mirada. Repetía su letanía de insultos y reproches una y otra vez en la sala vacía.


  • ¡De putas! Grandísimo cerdo... De putas, y hace tres meses que ni me mira. Pero te vas a enterar, hijo de puta ¡Te vas a enterar!


Se sentaba a ratos y sus dedos tamborileaban nerviosamente sobre el tablero de la mesa. Miraba una y otra vez al teléfono nerviosa, impaciente.


  • Si tu puedes ir de putas...


Apenas dejó que sonara el primer tono. Lo descolgó en cuanto comenzó a vibrar moviéndose sobre la mesa.


  • Digamé.

  • ¿Sandra?

  • Si, soy yo, diga.

  • A las once de la noche, en el Verona. Pregunta por la suite presidencial.

  • De acuerdo.


Sigue leyendo

Cosas que pasan

Publicado en General el 1 de Enero, 2009, 18:23 por Yo Soletina
Hace una eternidad (otra vez) que abandoné el SexLog. Me doyuna vuelta para colgar un artículo que he podido escribir (benditas vacaciones) y me encuentro con un par de novedades.
La primera es buena: he superado el millón de lecturas muy de largo. Ya sabeis cómo me gusta pensar que hay miles de personas que me leen. Me siento feliz.
La segunda es mala: alguno de los alojamientos donde puse mis imágenes al principio parece haberlas eliminado, y buena parte de los artículos (los "post", que dicen ahora) están cojos con sus enlaces vacíos. Me da rabia, por que ni siquiera se cuales eran los dibus que había puesto en ellos, y por que no dispongo de mucho tiempo para arreglarlo, pero bueno, me propongo hacerlo, aunque los asiduos ya sabeis que eso no significa ni mucho menos que vaya a suceder ;-)
En cualquier caso he vuelto, y tengo una sensación muy agradable de estar de nuevo en casa.
Cuelgo un cuentecillo que se me ocurrió anoche mirando un video delicioso que me bajé con el amule (si, "amule", no "emule"; es que uso Linux) y me relamo pensando que probablemente despertará el deseo de algunos de mis lectores, que les excitará, hará que se sientan calientes... Cómo me pone imaginarlo, voy a tener que encerrarme en el baño...
Escribo también estas líneas para agradeceros que vengais a verme, aunque yo no sea tan formal cómo para escribir cuanto quisiera, y dejo un dibu más por que, qué demonios, os mereceis eso y mucho más.
Un beso, cochinitos, donde más os guste. Me prometo escribir más.

Kaiser

Publicado en Cuentecillos el 1 de Enero, 2009, 17:33 por Yo Soletina
¡¡¡Madre mía!!! Una eternidad con esto abandonado. Benditas vacaciones... Os dejo un cuentecillo que me ha causado mucho placer cuando lo escribía...



Me gusta el modo en que me toma, la seguridad con que me considera suya, el ansia que percibo en él, la naturalidad con que me reclama, con que me domina...


Puede suceder en cualquier momento, cuando él quiere. De repente se acerca, quiere cojerme, me desea, casi puedo oler su voluntad de tomarme. Me fascina la normalidad con que me considera suya. Soy su perra, y lo sabe. Puede hacérmelo cuando quiera, me domina...


Estoy viendo la tele en el sofá. Hace meses que quité la mesa para que nada le estorbe. He llegado a casa hace un rato, me he duchado. Uso jabón neutro y no me perfumo. Se que su olfato es delicado, y no quiero que nada le moleste. Una camiseta, las braguitas, un zumo de naranja... Me recuesto frente al televisor. Dormita tumbado en la alfombra a mis pies, grande, fuerte, poderoso. Me gusta su pelo corto, negro y brillante, limpio. Me excita. Solo de mirarle siento un cosquilleo que parece poder oler. Le acaricio sugerente con los pies descalzos. Los lame. Le dejo hacer. Deslizo uno de ellos hacia su vientre de piel suave, la rozo y contemplo cómo comienza a asomar entre la funda de pelo corto. Tiene el vientre blanco, sonrosado, casi lampiño. Me mira cómo esperándome y acerco mi pie más a su sexo, que ya se me muestra rojo, poderoso...

Sigue leyendo

Una prueba

Publicado en Solo Imágenes el 23 de Marzo, 2008, 8:33 por Yo Soletina
Ultimamente he estado enredando por esas páginas de videos cortos (y no tan cortos) y he visto que se pueden incluir en una página web, de manera ques e me ha ocurrido probar.
A ver si consigo que se vea este que, por cierto, es una preciosidad. Solo hay que pinchar en la pantallita para que se ponga en marcha (y tener un ancho de banda razonable, claro).




Tía Marta

Publicado en Cuentecillos el 7 de Marzo, 2008, 14:11 por Yo Soletina

He dejado la ventana abierta, la persiana casi bajada, apenas una mínima ranura por debajo para que corra el aire. Hace calor. Desde la cama percibo nítidamente los perfumes del jardín: el aroma a heno del césped regado, el dulzón casi empalagoso de las madreselvas...

Pedro, mi marido, sentado en la cama, junto a mi, desliza sus dedos sobre mi piel causándome un estremecimiento. Doblo las rodillas, separo las piernas. Siento despegarse los labios de mi sexo a medida que se humedecen. Me enerva la caricia lenta y prolongada que parece recorrerme con una parsimonia descuidada, sin entretenerse en ninguna parte demasiado.

-¡Vamos, cerdito, fóllame!

-Tranquila, putita, no tengas prisa.

-Dámela, cerdito. Quiero tu polla.

Mi mano la busca entre sus piernas. Está dura. Comienzo a acariciarla mientras sus dedos continuan explorándome sin detenerse ni un instante. Ardo. Miro hacia la ventana furtivamente, disimulando. Me escucho gemir ahogadamente, cómo si se me escapara el aire sin querer. Lo veo. Quizás, mejor, lo intuyo, o lo adivino: un movimiento apenas en la rendija que deja libre la persiana. Susurro.

-¡Está ahí!

-¿Seguro?

-Siiiii...

Imagino a Dani, mi sobrino, agazapado en el jardín, acechándonos, con el corazón latiendo acelerado y la polla dura, a punto de estallar en su mano mientras nos mira, y desfallezco. Gimo para que me escuche. Más alto, mientras pienso que me mira, que solo tiene ojos para mis tetas temblorosas, para mi coño, que se entreabre excitado.

-¡Está ahí! Estoy segura.

-Espérame aquí, putita, y no te enfríes, que voy a buscar una cosa.

Ha hablado en voz alta, lo suficiente para que le escuche con claridad, y se levanta alejándose de la cama, cómo si se encaminara al cuarto de baño de nuestra habitación. Yo permanezco en la cama, con las piernas muy abiertas, deslizando mis dedos alrededor, gimoteando, y respondo con la voz entrecortada y tono de niña mimosa.

-No tardes, por favor...

Sigue leyendo

Una maldad

Publicado en Cuentecillos el 14 de Diciembre, 2007, 23:39 por Yo Soletina


Te voy a contar una maldad, zorrita:

Ayer estuve en el gimnasio. Últimamente voy mucho.

El caso es que estaba trabajando en una máquina que supongo que has visto, para fortalecer los muslos, donde te sientas, abres las piernas, y las cierras presionando sobre unas almohadillas. De repente me fijé en que enfrente de mi había un chaval de quince o dieciséis años caminando en una cinta, y me dí cuenta de que me miraba con mucha fijeza.  Suelo llevar unos culottes de licra azules brillantes y una malla de esas con forma de bañador de color rosa, de manera que se me dibujan con total claridad las formas.

Me pareció muy excitante que estuviera mirándome así, de manera que empecé a trabajar muy despacio, dejando que viera cómo abría las piernas delante de él y, como quién no quiere la cosa, apoyé mis manos en los muslos muy cerca del coñito, en el pubis, como si palpara la tensión del musculo. Le miré fijamente a los ojos mientras lo hacía, me paseé la lengua por los labios, entorné los ojos... Le puse caliente, muy caliente. El muy cochinito era un descarado, y me miraba sin cortarse. Vi que se le puso la polla como una piedra. Yo estaba mojándome ni te imaginas cuanto. Llegué a temer que se me notara.

El caso es que cuando ya no pude más, me acerqué a la máquina de al lado, que es esa en a que estás de pie y levantas un rodillo con el muslo, y empecé a trabajar también en ella sin dejar de mirarle. El cabroncito seguía mirándome el coño sin vergüenza.
Sigue leyendo

Naturalmente, Sr. Fer

Publicado en Solo Imágenes el 21 de Octubre, 2007, 22:27 por Yo Soletina
Al fin y al cabo, Ustedes, los Señores y Señoras de los azotes, son la comunidad que con más empeño enlaza hacia mi Sex Log.
Lamentablemente cada día dispongo de menos tiempo para escribir, pero un par de dibus, especialmente si me lo pide Usted, se ponen en un momento.
Estos, precisamente, los encontré hace unos días enredando por ahí, y los guardé para Ustedes (bueno, el de los Simpsons lo guardé para mi, que son mi debilidad).





Hentai 9 (Shotakon)

Publicado en Cuentecillos el 19 de Agosto, 2007, 19:18 por Yo Soletina
Hace tiempo un lector me propuso escribir este capítulo, y ahora, tiempo después, encaja en mi intención de recorrer los estilos del Hentai.

La repentina transformación física de María vino acompañada de un cambio más profundo, cómo si el hecho de verse dotada de aquel magnífico atributo, la dotara de un carácter más sólido. Con el paso de los días, fue convirtiéndose en una pequeña tirana a cuyos deseos nos veíamos atados cuantos compartíamos su secreto.

Su cuerpo mantenía, en situaciones normales, su aspecto habitual. Aquello tenía la virtualidad de reducirse cuando remitía su excitación, hasta prácticamente desaparecer, quedando reducido a un clítoris quizás ligeramente mayor de lo que fuera anteriormente y, entonces, María volvía a ser la muchacha tímida, incluso enfermizamente tímida, de siempre: discreta, callada, escondida tras sus gafitas, mirando al suelo más que a los ojos de su interlocutor. Sin embargo, cuando se veía invadida por la excitación, y eso, quienes la conocíamos bien sabíamos que podía suceder de improviso, en cualquier momento, volvía a tomar sus dimensiones fantásticas y la niña se transformaba.

María, al menos durante aquellos meses durante los cuales habíamos mantenido aquel estrecho contacto, siempre había sufrido una cierta alteración de su carácter en los momentos álgidos de su trato sexual. Supongo que todo el mundo experimenta en mayor o menor medida cambios así. Solía perder su timidez, cambiarla por una naturalidad que al principio me había resultado turbadora, y, con frecuencia, hacer gala de una personalidad arrolladora, hasta el extremo de llegar a dominarme cuando así lo decidía pese a nuestra diferencia de edad, que debería haberme dotado, al menos en teoría, de autoridad sobre ella.

Aquello, sin embargo, era diferente: desde su primera transformación había comprobado que, cuando aquello sucedía, adquiría una autoridad, un dominio, y una seguridad arrolladores. De alguna manera se adueñaba de nuestra voluntad hasta el extremo de repartir órdenes con total naturalidad, que nos apresurábamos a satisfacer sin dudas, cómo si lo más natural del mundo fuera obedecerla, cómo si no contemplase ninguna otra alternativa, ni nosotros cuestionáramos sus decisiones.

Durante la semana siguiente, su férrea voluntad nos llevó a situaciones absurdas, con frecuencia arriesgadas. Nuestras vidas se convirtieron en un sobresalto continuo, en una carrera frenética por satisfacer sus deseos, que podían llegar a ser estrambóticos: de repente, en mitad de la clase, la veía entornar los ojos, crispar el rostro en un gesto que parecía de dolor, y sabía que minutos después, durante la pausa entre clases, o el recreo, podía encontrarme practicando una felación a su hermano en el cuarto de la limpieza, dejándome sodomizar por ella en el retrete, o masturbándola en el aula, sentada junto a mi en mi mesa.

Debo confesar que no traté de oponerme. Era como si aquella agitación, aquel latir desbocado del corazón, aquel sobresalto terrible de miedo, me causaran una excitación adictiva, un crescendo terrible en nuestra relación al que me sentía atada por una fuerza dramática a la que no podía renunciar.

Decidí dedicar el sábado a reflexionar y me encerré en casa. Había comprado el viernes dejándome llevar por esa fiebre de cuando quiero esconderme de mí misma, o de mi realidad, llenando el carro de helados, chocolates y cualquier golosina donde hubiera puesto la vista. Comencé una mañana de pereza, de música en la cama, música en el sofá, dibujos animados en la tele, helado de chocolate, bombones de licor. Volví del revés los relojes queriéndome olvidar del tiempo, dejándome mecer por la desidia, por esa dulce sensación de no hacer nada de nada de nada, de no cambiar el disco al terminarse hasta no sentir el deseo de escuchar otro, o el mismo nuevamente. Puse fados melancólicos, azules del Atlántico, grises de calles de Lisboa y tardes de orvallo manso; piezas de Satie, enfermas de pereza romantica de amores imposibles; baladas de Zepellin, gitarras ácidas y crescendos metódicos hasta la estridencia brutal...


Cuando sonó el timbre de la puerta sentí al mismo tiempo el fastidio perezoso de la inercia rota, y la excitación brutal de saber que algo iba a suceder, la certeza de que María habría inventado alguna otra locura y en minutos estaría sumergida en Dios sabe qué demencial fantasía.


  • Hola.

  • Hola.

  • ¡Vamos, pasad!

  • Este es Carlos.

Sigue leyendo

Hentai 8 (Futanari)

Publicado en Cuentecillos el 29 de Julio, 2007, 23:33 por Yo Soletina

No me costó superar el encuentro con Alejandra. A aquellas alturas de mi vida, el hecho de convertirme en la perra de cualquiera que me hablase con autoridad o me chantajease se había convertido en una especie de norma, en un fenómeno habitual que indefectiblemente terminaba en que era follada, quizás insultada, sometida, y terminaba bebiendo el esperma o los jugos de quién hubiera tenido a bien adueñarse de mi por una tarde. Terminé por asumirlo de un modo natural, por ni siquiera plantearme que las cosas pudieran ser de otra manera. En cierto modo puedo decir que me gustaba. Me permitía gozar del sexo de maneras que jamás me hubiera atrevido a sugerirme, y todo ello sin la menor sensación de culpa, como si el hecho de que todo sucediera por sumisión a quienes ya había asumido que tenían autoridad sobre mi, y para ello bastaba con ejercerla con cierta autoridad, me eximiera de culpa, me convirtiera en una puta, si, pero inocente, en una puta que se limitaba a obedecer a quién mandaba, de manera que, derivando en los demás la responsabilidad sobre mis actos, quedase liberada de cualquier traba que pudiera imponerme la conciencia.


El caso era que nada parecía ya poderme sorprender y, sin embargo, la vida me reservaba todavía una experiencia que ahora, cuando años después me propongo relatarla, sigue causándome una extraña sensación de vértigo, de cosa imposible que, sin embargo, ha sucedido, sin que por ello haya podido desvelar su explicación, de suceso extraordinario, que contradice toda lógica, que se impone a ella transformando la realidad. Debo confesar que me da miedo narrarla, que me asusta poder aparecer como una loca visionaria ante los lectores, y a la vez me puede la necesidad de compartirla, como si de ese modo pudiera, desde el anonimato de este seudónimo tras el que me escondo, librarme de su peso.


Debió suceder cuatro, quizás cinco días después del encuentro brutal con Alejandra que ya les he contado. Todo empezó de un modo que ya resultaba habitual, por frecuente, pese a que soy consciente de la anomalía de mi relación con los muchachos. María apareció de improviso, acompañada por Adrián. Me sonrieron desde el otro lado de la puerta con esa sonrisa y ese brillo en sus miradas que me hacían saber que venían a volverme loca, y les recibí con alegría, dispuesta a disfrutar de su compañía, sintiendo ese hormigueo en el vientre que indefectiblemente me causa la premonición del sexo.


Serví unos refrescos y nos sentamos a beberlos charlando como ebrios de cualquier cosa, dejándonos acariciar por esa tensión especial de cuando sabes que vas a hacerlo y prolongas los prolegómenos a conciencia para elevarte, para ponerte en ese estado de angustia deliciosa. María se había sentado a mi lado en el sofá pequeño, mientras Adrián nos miraba desde el grande frente a nosotras. Hablábamos y reíamos entre bromas y veras, nos acariciábamos apenas causándonos una necesidad apremiante, contenida y enervante. En un momento indefinido, no recuerdo exactamente cómo, me encontré con los labios de la pequeña sobre los míos, con su lengua jugando a deslizarse entre ellos, mordiéndola; sentía en la cara su aliento profundo, entrecortado, que se hacía hondo cuando mis manos buscaban sus tetillas todavía por encima de la tela leve de su blusa. Adrián nos miraba extasiado. Había aprendido a contenerse y observaba la escena con los ojos muy abiertos, como hipnotizado. Pude ver por el rabillo del ojo cómo se desnudaba frente a mí. Su sexo aparecía magnífico, y no se lo tocaba, tal y como le había enseñado; se limitaba a mirarnos esperando su momento con paciencia mientras su polla marmórea cabeceaba y en su extremo aparecía una gotita cristalina deliciosa.

Sigue leyendo

Sigo sin tiempo

Publicado en Solo Imágenes el 14 de Junio, 2007, 22:47 por Yo Soletina
Y no parece ir a remediarse de momento, así que tengo que conformarme con poner algún dibujo. A ver cuando puedo escribir algo.
Alguién dejó un comentario en un post, no recuerdo los detalles, y no voy a buscarlos,  que sugería que debía renunciar al hentai, al que trataba en tono despectivo, como si no mereciera la pena.
Yo soy mas de sumar que de restar, y no creo que negarle a ese modo de entender el dibujo su arte tenga utilidad. No es el único, y no creo que se pueda establecer un campeonato del mundo para decidir cual es mejor. A mi me gusta. No es lo único que me gusta, pero me gusta mucho.
Así que dejo ahí un "variado" de imágenes que me gustan sin más pretensiones, solo por que me parecen bellas o sugerentes.





Y otro

Publicado en Solo Imágenes el 3 de Junio, 2007, 23:54 por Yo Soletina
Ya puse una vez un dibujo de Michael Kiwan. Me gusta ese aire de "sexo sucio y brutal" que respira. Me parece salvajemente excitante. Despierta mi lado oscuro.
Creo que habrá que ir volviendo a introducir en el SexLog obras de arte no hentai poquito a poquito. Sabemos que hay artistas al otro lado.





Un dibujo

Publicado en Solo Imágenes el 3 de Junio, 2007, 23:36 por Yo Soletina
Sr. Fer, no quisiera yo especializar mi sitio y que terminara siendo monotemático, de manera que, aunque no puedo negarme a su petición de ir poniendo las imágenes que tengo sobre spank (¿cómo rechazar la petición de un lector asiduo?) va a permitirme Usted que sea muy poquito a poquito.



Spank

Publicado en Solo Imágenes el 25 de Mayo, 2007, 19:02 por Yo Soletina
Claro que hay spank en hentai, Cometospk. De hecho dudo que exista una sola forma de entender el sexo que no se haya dibujado hasta la saciedad (es un reto ;-).
Muchas gracias por tu amable comentario, y ahí tienes un par de ejemplos (el de Harry Potter es delicioso).




Fue un momento

Publicado en General el 13 de Mayo, 2007, 23:38 por Yo Soletina
parece que se me ha vuelto un mes sin escribir una linea (gracias una vez más por su preocupación, Sr. Fer). Bueno, solo es que anduve ocupada en el trabajo, y en algún otro asunto de cierta importancia que ultimamente me despista.

 Q uienes me leen con regularidad saben que no soy constante, que me distraigo de pronto y paso un tiempo sin ocuparme de esto, pero hasta la fecha siempre terminé volviendo, aunque ello no garantice que la próxima vez vaya a suceder.


¿Y qué pasó mientras? Pues que se cumplieron 300.000 visitas. ¡Madre mía! ¡300.000! Eso significa que quizás decenas de miles de personas anduvieron por aquí, y puede que miles de ellas se excitaran leyendo, o viendo solo los dibujos, que todo puede ser. Probablemente miles se excitaron, y quién sabe si algunos cientos se excitaran tanto como para...

Uffffffff... Me tiembla el pulso de pensarlo.


A tod@s  GRACIAS

Hentai 7

Publicado en Cuentecillos el 13 de Mayo, 2007, 19:58 por Yo Soletina

Alejandra, la nueva del Departamento de Informática, entró en su despacho sin llamar, a su manera, que comenzaba a ser popular en el Instituto, cómo un vendaval, hablando alegremente sin saludar, cómo si la conversación no se hubiera interrumpido desde la última vez.

Era una mujerona de una pieza: alta, de unos 30 años, rubia, abundante, con un cuerpazo de infarto y unos ojos azules enormes y sugerentes, con una personalidad arrolladora. Cuando caminaba parecía consciente de la belleza redondeada de sus formas, y movía el culo de una manera que dejaba sin respiración a los hombres que, cómo no hacerlo, lo miraban al pasar. Miraba de un modo que parecía decir: “si, aquí estoy ¿te atreves?”.


- No te lo vas a creer, Carmen. Ven, acompañame al aula de informática, que vas a alucinar.

La arrastró casi por la fuerza, tirando de su mano y sin esperar su asentimiento, ni su opinión. No paró de hablar ni por un momento mientras avanzaban por el pasillo en dirección al aula donde habían vivido aquella extraña experiencia que todavía le causaba esa sensación entre la excitación, el miedo, y la desazón de tomar conciencia de no comprender en absoluto la condición humana, ni disponer de un esquema lógico que pudiera permitirle interpretarle.


- Es alucinante, vas a ver. Bueno, te explico...

Hablaba sin cesar mientras caminaban, mientras entraban en el aula, mientras giraba la llave encerrándola una vez más en aquel lugar anómalo, lleno de pantallas autistas mirando todas ellas en la misma dirección mientras emitían aquel zumbido inacabable, ni tan alto ni tan bajo que pudiera molestar ni dejar de hacerlo.


- La cosa es que tengo la costumbre de dar una vuelta por el sistema de seguridad del servidor para ver los logs. No es que me importe lo que hagan los chavales, qué va, allá ellos. Pero es que de vez en cuando te encuentras unas sorpresas que quitan el hipo. Mira esto, por ejemplo...

Sigue leyendo

Cosas que pasan

Publicado en Otros Cuadernos el 13 de Abril, 2007, 22:57 por Yo Soletina
Resulta que mi SexLog tiene de media unas 600 visitas diarias. Sin embargo, el otro día, de repente, sucedió algo inesperado: sin saber por qué, de repente, a media tarde, empecé a tener 800 visitas por hora, y el asunto se mantuvo alto durante el día siguiente, y durante los dos siguientes, aunque reduciéndose, el número de visitas ha seguido siendo asombroso.

¿Qué está sucediendo? Me preguntaba. Así que me puse a investigar por ahí, y descubrí que se había publicado una reseña sobre el sitio en FleshBot, que, por lo que parece, es un directorio de sitios pornográficos y eróticos estadounidense de mucho éxito.

Sobre el contenido no puedo pronunciarme. Mi dominio del inglés no es suficiente para diferenciar entre la ironía y la burla, de modo que ni lo intento.

En cualquier caso... Ya sabeis que me encanta que en mi página entre muuuuucha gente, de manera que estoy encantada.

Resulta curioso observar la capacidad de influencia de algunas páginas. Se que es un fenómeno estudiado (y en estudio) pero no deja de sorprenderme.

Sigue leyendo

Un pequeño desastre

Publicado en General el 8 de Abril, 2007, 1:25 por Yo Soletina
Migré. Por fin decidí a pasarme a Linux y, como me conozco, para evitar el camino cómodo, hice copia de seguridad de mis datos, formateé el sistema, eliminé Windows por completo, y, me puse con Ubuntu sin contemplaciones.
El desastre vino cuando fuí a recobrar los datos perdidos: el DVD con mi colección de dibujos ha fallado, a partir de la mitad de la carpeta "Simpsons" es ilegible... No se, he debido perder más de 10.000 dibujos, entre ellos la mitad de los Simpsons (un desastre para mi) y todos los de Transexuales (si hubiera llamado a la carpeta "Futanari, se habrían salvado probablemente).
Me da una rabia...


Hentai 6

Publicado en Cuentecillos el 7 de Abril, 2007, 0:10 por Yo Soletina

Comencé la mañana con el alma en vilo, una mañana de horas infinitas aguardando el momento de encontrarla una vez más frente a mi puerta llamando con ese aire de niña inocente a veces, con ese brillo de chica mala en la mirada otras.

Tuvimos clase a las nueve y media, e incluso me permití inclinarme sobre ella y rozarla con la excusa de corregir un error en sus apuntes. Pareció turbarse un poco, y que a Javi le iba a estallar el pantalón.

A las 11, tras el descanso, cuando me encaminaba al aula de 2º D para seguir derrochando trabajo sobre los cerebros vírgenes de aquellos pequeños salvajes, reparé en que necesitaba aliviarme. Los pasillos estaban ya vacíos, llegaba tarde, y el servicio de profesores quedaba lejos, de modo que decidí utilizar el de alumnos, apenas diez o quince metros antes de mi destino.

Entré en uno de los excusados, corrí el pestillo y, cuando estaba ya sentada sobre la taza, escuché un susurro. Procedía de alguno de los otros, creo que del que se encontraba a mi izquierda, y fue seguido por un chistido casi imperceptible. Permanecí en silencio, escuchando. Los chicos se escondían con frecuencia en los aseos para fumar, o sencillamente para dejar pasar las clases que no les apetecían. Siempre había visto con una especie de complicidad solidaria aquella mínima muestra de rebeldía, y procuraba hacerme la despistada para evitar sorprenderles y tener que dar parte de ellos al Jefe de Estudios.

Les escuchaba cuchichear a mi lado de una manera apremiante. Pude oír un frufrú de ropa, y creí percibir un gemido quedo. Debo confesar que me pudo la curiosidad. Accioné la cisterna, caminé taconeando hasta la puerta, la abrí, constaté que no había nadie en el pasillo, la cerré sin salir, me quité los zapatos y, en silencio, volví sobre mis pasos y entorné apenas la puerta para no hacer ruido.

Tras mi supuesta marcha, los ocupantes del excusado contiguo parecieron dejar de lado buena parte de su discreción, y ahora se escuchaban sus susurros con mayor claridad. Contuve la respiración esforzándome por oír lo que decían. Se distinguían bien las voces de un chico y de una chica, aunque apenas conseguía captar alguna palabra suelta sin sentido desprovista de las que debían acompañarla.

La conversación iba poco a poco decayendo, y los espacios entre susurros llenándose de lo que parecían gemidos, resoplidos... Por fin lo comprendí: ¡¡¡Aquellos canallas estaban...!!! No me lo podía creer: ¡En el instituto, a la hora de las clases...! La situación resultaba desconcertante, excitante. Me sentía como una espía, una pervertida, escuchando cómo, al otro lado del delgado tabique alicatado, dos de los alumnos del instituto estaban... De repente se me heló la sangre: era María; era ella sin duda; podía reconocer el tono de sus gemidos, esa especie de quejido ahogado con que respondía a las caricias. El ruido del frotarse de la tela resultaba cada vez más evidente, los quejidos más intensos, más claros, cómo si la excitación les llevara a descuidar el silencio que unos minutos antes se habían impuesto.

En mi cabeza se arremolinaba una barahunda de sentimientos contradictorios: estaba celosa ¡Celosa! presa de una rabia infinita; sentía arderme la cara y un vacío en el pecho que me ahogaba; y, al mismo tiempo, me sentía excitada. Podía imaginarla apoyada de espaldas en la pared, quizás con una pierna subida en la taza, la falda remangada, y la camisa desabrochada, aguantando las embestidas de Javi que, mientras la follaba, magrearía sus tetillas de ángel.

Casi sin darme cuenta, me encontré yo misma apoyada en la pared donde imaginaba que estaba ella, espalda contra espalda, acariciándome los pezones por encima de la blusa, pellizcándolos.

A mi lado, la escena parecía haberse transformado en una batalla campal. Los gemidos se alternaban con chillidos ahogados; creía poder escuchar el chapoteo en su vulva, el golpeteo rítmico de la espalda de María contra la pared. Los susurros se habían convertido en frases esporádicas, imperiosas, que ahora oía con toda claridad:

- ¡Vamos, no te pares!

Gimoteaba, suplicaba que la follara, se ahogaba. En ocasiones parecía gemir con la sordina de sus labios sobre ella. Javi resoplaba, más fuerte a medida que el ritmo del golpeteo en la pared se hacía más intenso...


- ¡Para, para, no te corras dentro!

Fue una orden tajante, emitida como un grito asustado, y tras ella se interrumpió el golpeteo, los gemidos de la niña, todo menos la respiración honda y sonora de Javi. Frotaba mi sexo por encima del panty frenéticamente. Casi podía verla arrodillada a sus pies, tragándose la polla de aquel niñato idiota. Me corrí mordiéndome los labios, tratando de ni respirar hondo, sintiendo deslizarse en mi garganta el esperma que entre gruñidos chorrearía entre los labios de mi pequeña, ardiendo de rabia y de celos.

Sigue leyendo