Una prueba

Publicado en Solo Imágenes el 23 de Marzo, 2008, 8:33 por Yo Soletina
Ultimamente he estado enredando por esas páginas de videos cortos (y no tan cortos) y he visto que se pueden incluir en una página web, de manera ques e me ha ocurrido probar.
A ver si consigo que se vea este que, por cierto, es una preciosidad. Solo hay que pinchar en la pantallita para que se ponga en marcha (y tener un ancho de banda razonable, claro).




Tía Marta

Publicado en Cuentecillos el 7 de Marzo, 2008, 14:11 por Yo Soletina

He dejado la ventana abierta, la persiana casi bajada, apenas una mínima ranura por debajo para que corra el aire. Hace calor. Desde la cama percibo nítidamente los perfumes del jardín: el aroma a heno del césped regado, el dulzón casi empalagoso de las madreselvas...

Pedro, mi marido, sentado en la cama, junto a mi, desliza sus dedos sobre mi piel causándome un estremecimiento. Doblo las rodillas, separo las piernas. Siento despegarse los labios de mi sexo a medida que se humedecen. Me enerva la caricia lenta y prolongada que parece recorrerme con una parsimonia descuidada, sin entretenerse en ninguna parte demasiado.

-¡Vamos, cerdito, fóllame!

-Tranquila, putita, no tengas prisa.

-Dámela, cerdito. Quiero tu polla.

Mi mano la busca entre sus piernas. Está dura. Comienzo a acariciarla mientras sus dedos continuan explorándome sin detenerse ni un instante. Ardo. Miro hacia la ventana furtivamente, disimulando. Me escucho gemir ahogadamente, cómo si se me escapara el aire sin querer. Lo veo. Quizás, mejor, lo intuyo, o lo adivino: un movimiento apenas en la rendija que deja libre la persiana. Susurro.

-¡Está ahí!

-¿Seguro?

-Siiiii...

Imagino a Dani, mi sobrino, agazapado en el jardín, acechándonos, con el corazón latiendo acelerado y la polla dura, a punto de estallar en su mano mientras nos mira, y desfallezco. Gimo para que me escuche. Más alto, mientras pienso que me mira, que solo tiene ojos para mis tetas temblorosas, para mi coño, que se entreabre excitado.

-¡Está ahí! Estoy segura.

-Espérame aquí, putita, y no te enfríes, que voy a buscar una cosa.

Ha hablado en voz alta, lo suficiente para que le escuche con claridad, y se levanta alejándose de la cama, cómo si se encaminara al cuarto de baño de nuestra habitación. Yo permanezco en la cama, con las piernas muy abiertas, deslizando mis dedos alrededor, gimoteando, y respondo con la voz entrecortada y tono de niña mimosa.

-No tardes, por favor...

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Una maldad

Publicado en Cuentecillos el 14 de Diciembre, 2007, 23:39 por Yo Soletina


Te voy a contar una maldad, zorrita:

Ayer estuve en el gimnasio. Últimamente voy mucho.

El caso es que estaba trabajando en una máquina que supongo que has visto, para fortalecer los muslos, donde te sientas, abres las piernas, y las cierras presionando sobre unas almohadillas. De repente me fijé en que enfrente de mi había un chaval de quince o dieciséis años caminando en una cinta, y me dí cuenta de que me miraba con mucha fijeza.  Suelo llevar unos culottes de licra azules brillantes y una malla de esas con forma de bañador de color rosa, de manera que se me dibujan con total claridad las formas.

Me pareció muy excitante que estuviera mirándome así, de manera que empecé a trabajar muy despacio, dejando que viera cómo abría las piernas delante de él y, como quién no quiere la cosa, apoyé mis manos en los muslos muy cerca del coñito, en el pubis, como si palpara la tensión del musculo. Le miré fijamente a los ojos mientras lo hacía, me paseé la lengua por los labios, entorné los ojos... Le puse caliente, muy caliente. El muy cochinito era un descarado, y me miraba sin cortarse. Vi que se le puso la polla como una piedra. Yo estaba mojándome ni te imaginas cuanto. Llegué a temer que se me notara.

El caso es que cuando ya no pude más, me acerqué a la máquina de al lado, que es esa en a que estás de pie y levantas un rodillo con el muslo, y empecé a trabajar también en ella sin dejar de mirarle. El cabroncito seguía mirándome el coño sin vergüenza.
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Naturalmente, Sr. Fer

Publicado en Solo Imágenes el 21 de Octubre, 2007, 22:27 por Yo Soletina
Al fin y al cabo, Ustedes, los Señores y Señoras de los azotes, son la comunidad que con más empeño enlaza hacia mi Sex Log.
Lamentablemente cada día dispongo de menos tiempo para escribir, pero un par de dibus, especialmente si me lo pide Usted, se ponen en un momento.
Estos, precisamente, los encontré hace unos días enredando por ahí, y los guardé para Ustedes (bueno, el de los Simpsons lo guardé para mi, que son mi debilidad).





Hentai 9 (Shotakon)

Publicado en Cuentecillos el 19 de Agosto, 2007, 19:18 por Yo Soletina
Hace tiempo un lector me propuso escribir este capítulo, y ahora, tiempo después, encaja en mi intención de recorrer los estilos del Hentai.

La repentina transformación física de María vino acompañada de un cambio más profundo, cómo si el hecho de verse dotada de aquel magnífico atributo, la dotara de un carácter más sólido. Con el paso de los días, fue convirtiéndose en una pequeña tirana a cuyos deseos nos veíamos atados cuantos compartíamos su secreto.

Su cuerpo mantenía, en situaciones normales, su aspecto habitual. Aquello tenía la virtualidad de reducirse cuando remitía su excitación, hasta prácticamente desaparecer, quedando reducido a un clítoris quizás ligeramente mayor de lo que fuera anteriormente y, entonces, María volvía a ser la muchacha tímida, incluso enfermizamente tímida, de siempre: discreta, callada, escondida tras sus gafitas, mirando al suelo más que a los ojos de su interlocutor. Sin embargo, cuando se veía invadida por la excitación, y eso, quienes la conocíamos bien sabíamos que podía suceder de improviso, en cualquier momento, volvía a tomar sus dimensiones fantásticas y la niña se transformaba.

María, al menos durante aquellos meses durante los cuales habíamos mantenido aquel estrecho contacto, siempre había sufrido una cierta alteración de su carácter en los momentos álgidos de su trato sexual. Supongo que todo el mundo experimenta en mayor o menor medida cambios así. Solía perder su timidez, cambiarla por una naturalidad que al principio me había resultado turbadora, y, con frecuencia, hacer gala de una personalidad arrolladora, hasta el extremo de llegar a dominarme cuando así lo decidía pese a nuestra diferencia de edad, que debería haberme dotado, al menos en teoría, de autoridad sobre ella.

Aquello, sin embargo, era diferente: desde su primera transformación había comprobado que, cuando aquello sucedía, adquiría una autoridad, un dominio, y una seguridad arrolladores. De alguna manera se adueñaba de nuestra voluntad hasta el extremo de repartir órdenes con total naturalidad, que nos apresurábamos a satisfacer sin dudas, cómo si lo más natural del mundo fuera obedecerla, cómo si no contemplase ninguna otra alternativa, ni nosotros cuestionáramos sus decisiones.

Durante la semana siguiente, su férrea voluntad nos llevó a situaciones absurdas, con frecuencia arriesgadas. Nuestras vidas se convirtieron en un sobresalto continuo, en una carrera frenética por satisfacer sus deseos, que podían llegar a ser estrambóticos: de repente, en mitad de la clase, la veía entornar los ojos, crispar el rostro en un gesto que parecía de dolor, y sabía que minutos después, durante la pausa entre clases, o el recreo, podía encontrarme practicando una felación a su hermano en el cuarto de la limpieza, dejándome sodomizar por ella en el retrete, o masturbándola en el aula, sentada junto a mi en mi mesa.

Debo confesar que no traté de oponerme. Era como si aquella agitación, aquel latir desbocado del corazón, aquel sobresalto terrible de miedo, me causaran una excitación adictiva, un crescendo terrible en nuestra relación al que me sentía atada por una fuerza dramática a la que no podía renunciar.

Decidí dedicar el sábado a reflexionar y me encerré en casa. Había comprado el viernes dejándome llevar por esa fiebre de cuando quiero esconderme de mí misma, o de mi realidad, llenando el carro de helados, chocolates y cualquier golosina donde hubiera puesto la vista. Comencé una mañana de pereza, de música en la cama, música en el sofá, dibujos animados en la tele, helado de chocolate, bombones de licor. Volví del revés los relojes queriéndome olvidar del tiempo, dejándome mecer por la desidia, por esa dulce sensación de no hacer nada de nada de nada, de no cambiar el disco al terminarse hasta no sentir el deseo de escuchar otro, o el mismo nuevamente. Puse fados melancólicos, azules del Atlántico, grises de calles de Lisboa y tardes de orvallo manso; piezas de Satie, enfermas de pereza romantica de amores imposibles; baladas de Zepellin, gitarras ácidas y crescendos metódicos hasta la estridencia brutal...


Cuando sonó el timbre de la puerta sentí al mismo tiempo el fastidio perezoso de la inercia rota, y la excitación brutal de saber que algo iba a suceder, la certeza de que María habría inventado alguna otra locura y en minutos estaría sumergida en Dios sabe qué demencial fantasía.


  • Hola.

  • Hola.

  • ¡Vamos, pasad!

  • Este es Carlos.

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Hentai 8 (Futanari)

Publicado en Cuentecillos el 29 de Julio, 2007, 23:33 por Yo Soletina

No me costó superar el encuentro con Alejandra. A aquellas alturas de mi vida, el hecho de convertirme en la perra de cualquiera que me hablase con autoridad o me chantajease se había convertido en una especie de norma, en un fenómeno habitual que indefectiblemente terminaba en que era follada, quizás insultada, sometida, y terminaba bebiendo el esperma o los jugos de quién hubiera tenido a bien adueñarse de mi por una tarde. Terminé por asumirlo de un modo natural, por ni siquiera plantearme que las cosas pudieran ser de otra manera. En cierto modo puedo decir que me gustaba. Me permitía gozar del sexo de maneras que jamás me hubiera atrevido a sugerirme, y todo ello sin la menor sensación de culpa, como si el hecho de que todo sucediera por sumisión a quienes ya había asumido que tenían autoridad sobre mi, y para ello bastaba con ejercerla con cierta autoridad, me eximiera de culpa, me convirtiera en una puta, si, pero inocente, en una puta que se limitaba a obedecer a quién mandaba, de manera que, derivando en los demás la responsabilidad sobre mis actos, quedase liberada de cualquier traba que pudiera imponerme la conciencia.


El caso era que nada parecía ya poderme sorprender y, sin embargo, la vida me reservaba todavía una experiencia que ahora, cuando años después me propongo relatarla, sigue causándome una extraña sensación de vértigo, de cosa imposible que, sin embargo, ha sucedido, sin que por ello haya podido desvelar su explicación, de suceso extraordinario, que contradice toda lógica, que se impone a ella transformando la realidad. Debo confesar que me da miedo narrarla, que me asusta poder aparecer como una loca visionaria ante los lectores, y a la vez me puede la necesidad de compartirla, como si de ese modo pudiera, desde el anonimato de este seudónimo tras el que me escondo, librarme de su peso.


Debió suceder cuatro, quizás cinco días después del encuentro brutal con Alejandra que ya les he contado. Todo empezó de un modo que ya resultaba habitual, por frecuente, pese a que soy consciente de la anomalía de mi relación con los muchachos. María apareció de improviso, acompañada por Adrián. Me sonrieron desde el otro lado de la puerta con esa sonrisa y ese brillo en sus miradas que me hacían saber que venían a volverme loca, y les recibí con alegría, dispuesta a disfrutar de su compañía, sintiendo ese hormigueo en el vientre que indefectiblemente me causa la premonición del sexo.


Serví unos refrescos y nos sentamos a beberlos charlando como ebrios de cualquier cosa, dejándonos acariciar por esa tensión especial de cuando sabes que vas a hacerlo y prolongas los prolegómenos a conciencia para elevarte, para ponerte en ese estado de angustia deliciosa. María se había sentado a mi lado en el sofá pequeño, mientras Adrián nos miraba desde el grande frente a nosotras. Hablábamos y reíamos entre bromas y veras, nos acariciábamos apenas causándonos una necesidad apremiante, contenida y enervante. En un momento indefinido, no recuerdo exactamente cómo, me encontré con los labios de la pequeña sobre los míos, con su lengua jugando a deslizarse entre ellos, mordiéndola; sentía en la cara su aliento profundo, entrecortado, que se hacía hondo cuando mis manos buscaban sus tetillas todavía por encima de la tela leve de su blusa. Adrián nos miraba extasiado. Había aprendido a contenerse y observaba la escena con los ojos muy abiertos, como hipnotizado. Pude ver por el rabillo del ojo cómo se desnudaba frente a mí. Su sexo aparecía magnífico, y no se lo tocaba, tal y como le había enseñado; se limitaba a mirarnos esperando su momento con paciencia mientras su polla marmórea cabeceaba y en su extremo aparecía una gotita cristalina deliciosa.

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Sigo sin tiempo

Publicado en Solo Imágenes el 14 de Junio, 2007, 22:47 por Yo Soletina
Y no parece ir a remediarse de momento, así que tengo que conformarme con poner algún dibujo. A ver cuando puedo escribir algo.
Alguién dejó un comentario en un post, no recuerdo los detalles, y no voy a buscarlos,  que sugería que debía renunciar al hentai, al que trataba en tono despectivo, como si no mereciera la pena.
Yo soy mas de sumar que de restar, y no creo que negarle a ese modo de entender el dibujo su arte tenga utilidad. No es el único, y no creo que se pueda establecer un campeonato del mundo para decidir cual es mejor. A mi me gusta. No es lo único que me gusta, pero me gusta mucho.
Así que dejo ahí un "variado" de imágenes que me gustan sin más pretensiones, solo por que me parecen bellas o sugerentes.





Y otro

Publicado en Solo Imágenes el 3 de Junio, 2007, 23:54 por Yo Soletina
Ya puse una vez un dibujo de Michael Kiwan. Me gusta ese aire de "sexo sucio y brutal" que respira. Me parece salvajemente excitante. Despierta mi lado oscuro.
Creo que habrá que ir volviendo a introducir en el SexLog obras de arte no hentai poquito a poquito. Sabemos que hay artistas al otro lado.





Un dibujo

Publicado en Solo Imágenes el 3 de Junio, 2007, 23:36 por Yo Soletina
Sr. Fer, no quisiera yo especializar mi sitio y que terminara siendo monotemático, de manera que, aunque no puedo negarme a su petición de ir poniendo las imágenes que tengo sobre spank (¿cómo rechazar la petición de un lector asiduo?) va a permitirme Usted que sea muy poquito a poquito.



Spank

Publicado en Solo Imágenes el 25 de Mayo, 2007, 19:02 por Yo Soletina
Claro que hay spank en hentai, Cometospk. De hecho dudo que exista una sola forma de entender el sexo que no se haya dibujado hasta la saciedad (es un reto ;-).
Muchas gracias por tu amable comentario, y ahí tienes un par de ejemplos (el de Harry Potter es delicioso).




Fue un momento

Publicado en General el 13 de Mayo, 2007, 23:38 por Yo Soletina
parece que se me ha vuelto un mes sin escribir una linea (gracias una vez más por su preocupación, Sr. Fer). Bueno, solo es que anduve ocupada en el trabajo, y en algún otro asunto de cierta importancia que ultimamente me despista.

 Q uienes me leen con regularidad saben que no soy constante, que me distraigo de pronto y paso un tiempo sin ocuparme de esto, pero hasta la fecha siempre terminé volviendo, aunque ello no garantice que la próxima vez vaya a suceder.


¿Y qué pasó mientras? Pues que se cumplieron 300.000 visitas. ¡Madre mía! ¡300.000! Eso significa que quizás decenas de miles de personas anduvieron por aquí, y puede que miles de ellas se excitaran leyendo, o viendo solo los dibujos, que todo puede ser. Probablemente miles se excitaron, y quién sabe si algunos cientos se excitaran tanto como para...

Uffffffff... Me tiembla el pulso de pensarlo.


A tod@s  GRACIAS

Hentai 7

Publicado en Cuentecillos el 13 de Mayo, 2007, 19:58 por Yo Soletina

Alejandra, la nueva del Departamento de Informática, entró en su despacho sin llamar, a su manera, que comenzaba a ser popular en el Instituto, cómo un vendaval, hablando alegremente sin saludar, cómo si la conversación no se hubiera interrumpido desde la última vez.

Era una mujerona de una pieza: alta, de unos 30 años, rubia, abundante, con un cuerpazo de infarto y unos ojos azules enormes y sugerentes, con una personalidad arrolladora. Cuando caminaba parecía consciente de la belleza redondeada de sus formas, y movía el culo de una manera que dejaba sin respiración a los hombres que, cómo no hacerlo, lo miraban al pasar. Miraba de un modo que parecía decir: “si, aquí estoy ¿te atreves?”.


- No te lo vas a creer, Carmen. Ven, acompañame al aula de informática, que vas a alucinar.

La arrastró casi por la fuerza, tirando de su mano y sin esperar su asentimiento, ni su opinión. No paró de hablar ni por un momento mientras avanzaban por el pasillo en dirección al aula donde habían vivido aquella extraña experiencia que todavía le causaba esa sensación entre la excitación, el miedo, y la desazón de tomar conciencia de no comprender en absoluto la condición humana, ni disponer de un esquema lógico que pudiera permitirle interpretarle.


- Es alucinante, vas a ver. Bueno, te explico...

Hablaba sin cesar mientras caminaban, mientras entraban en el aula, mientras giraba la llave encerrándola una vez más en aquel lugar anómalo, lleno de pantallas autistas mirando todas ellas en la misma dirección mientras emitían aquel zumbido inacabable, ni tan alto ni tan bajo que pudiera molestar ni dejar de hacerlo.


- La cosa es que tengo la costumbre de dar una vuelta por el sistema de seguridad del servidor para ver los logs. No es que me importe lo que hagan los chavales, qué va, allá ellos. Pero es que de vez en cuando te encuentras unas sorpresas que quitan el hipo. Mira esto, por ejemplo...

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Cosas que pasan

Publicado en Otros Cuadernos el 13 de Abril, 2007, 22:57 por Yo Soletina
Resulta que mi SexLog tiene de media unas 600 visitas diarias. Sin embargo, el otro día, de repente, sucedió algo inesperado: sin saber por qué, de repente, a media tarde, empecé a tener 800 visitas por hora, y el asunto se mantuvo alto durante el día siguiente, y durante los dos siguientes, aunque reduciéndose, el número de visitas ha seguido siendo asombroso.

¿Qué está sucediendo? Me preguntaba. Así que me puse a investigar por ahí, y descubrí que se había publicado una reseña sobre el sitio en FleshBot, que, por lo que parece, es un directorio de sitios pornográficos y eróticos estadounidense de mucho éxito.

Sobre el contenido no puedo pronunciarme. Mi dominio del inglés no es suficiente para diferenciar entre la ironía y la burla, de modo que ni lo intento.

En cualquier caso... Ya sabeis que me encanta que en mi página entre muuuuucha gente, de manera que estoy encantada.

Resulta curioso observar la capacidad de influencia de algunas páginas. Se que es un fenómeno estudiado (y en estudio) pero no deja de sorprenderme.

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Un pequeño desastre

Publicado en General el 8 de Abril, 2007, 1:25 por Yo Soletina
Migré. Por fin decidí a pasarme a Linux y, como me conozco, para evitar el camino cómodo, hice copia de seguridad de mis datos, formateé el sistema, eliminé Windows por completo, y, me puse con Ubuntu sin contemplaciones.
El desastre vino cuando fuí a recobrar los datos perdidos: el DVD con mi colección de dibujos ha fallado, a partir de la mitad de la carpeta "Simpsons" es ilegible... No se, he debido perder más de 10.000 dibujos, entre ellos la mitad de los Simpsons (un desastre para mi) y todos los de Transexuales (si hubiera llamado a la carpeta "Futanari, se habrían salvado probablemente).
Me da una rabia...


Hentai 6

Publicado en Cuentecillos el 7 de Abril, 2007, 0:10 por Yo Soletina

Comencé la mañana con el alma en vilo, una mañana de horas infinitas aguardando el momento de encontrarla una vez más frente a mi puerta llamando con ese aire de niña inocente a veces, con ese brillo de chica mala en la mirada otras.

Tuvimos clase a las nueve y media, e incluso me permití inclinarme sobre ella y rozarla con la excusa de corregir un error en sus apuntes. Pareció turbarse un poco, y que a Javi le iba a estallar el pantalón.

A las 11, tras el descanso, cuando me encaminaba al aula de 2º D para seguir derrochando trabajo sobre los cerebros vírgenes de aquellos pequeños salvajes, reparé en que necesitaba aliviarme. Los pasillos estaban ya vacíos, llegaba tarde, y el servicio de profesores quedaba lejos, de modo que decidí utilizar el de alumnos, apenas diez o quince metros antes de mi destino.

Entré en uno de los excusados, corrí el pestillo y, cuando estaba ya sentada sobre la taza, escuché un susurro. Procedía de alguno de los otros, creo que del que se encontraba a mi izquierda, y fue seguido por un chistido casi imperceptible. Permanecí en silencio, escuchando. Los chicos se escondían con frecuencia en los aseos para fumar, o sencillamente para dejar pasar las clases que no les apetecían. Siempre había visto con una especie de complicidad solidaria aquella mínima muestra de rebeldía, y procuraba hacerme la despistada para evitar sorprenderles y tener que dar parte de ellos al Jefe de Estudios.

Les escuchaba cuchichear a mi lado de una manera apremiante. Pude oír un frufrú de ropa, y creí percibir un gemido quedo. Debo confesar que me pudo la curiosidad. Accioné la cisterna, caminé taconeando hasta la puerta, la abrí, constaté que no había nadie en el pasillo, la cerré sin salir, me quité los zapatos y, en silencio, volví sobre mis pasos y entorné apenas la puerta para no hacer ruido.

Tras mi supuesta marcha, los ocupantes del excusado contiguo parecieron dejar de lado buena parte de su discreción, y ahora se escuchaban sus susurros con mayor claridad. Contuve la respiración esforzándome por oír lo que decían. Se distinguían bien las voces de un chico y de una chica, aunque apenas conseguía captar alguna palabra suelta sin sentido desprovista de las que debían acompañarla.

La conversación iba poco a poco decayendo, y los espacios entre susurros llenándose de lo que parecían gemidos, resoplidos... Por fin lo comprendí: ¡¡¡Aquellos canallas estaban...!!! No me lo podía creer: ¡En el instituto, a la hora de las clases...! La situación resultaba desconcertante, excitante. Me sentía como una espía, una pervertida, escuchando cómo, al otro lado del delgado tabique alicatado, dos de los alumnos del instituto estaban... De repente se me heló la sangre: era María; era ella sin duda; podía reconocer el tono de sus gemidos, esa especie de quejido ahogado con que respondía a las caricias. El ruido del frotarse de la tela resultaba cada vez más evidente, los quejidos más intensos, más claros, cómo si la excitación les llevara a descuidar el silencio que unos minutos antes se habían impuesto.

En mi cabeza se arremolinaba una barahunda de sentimientos contradictorios: estaba celosa ¡Celosa! presa de una rabia infinita; sentía arderme la cara y un vacío en el pecho que me ahogaba; y, al mismo tiempo, me sentía excitada. Podía imaginarla apoyada de espaldas en la pared, quizás con una pierna subida en la taza, la falda remangada, y la camisa desabrochada, aguantando las embestidas de Javi que, mientras la follaba, magrearía sus tetillas de ángel.

Casi sin darme cuenta, me encontré yo misma apoyada en la pared donde imaginaba que estaba ella, espalda contra espalda, acariciándome los pezones por encima de la blusa, pellizcándolos.

A mi lado, la escena parecía haberse transformado en una batalla campal. Los gemidos se alternaban con chillidos ahogados; creía poder escuchar el chapoteo en su vulva, el golpeteo rítmico de la espalda de María contra la pared. Los susurros se habían convertido en frases esporádicas, imperiosas, que ahora oía con toda claridad:

- ¡Vamos, no te pares!

Gimoteaba, suplicaba que la follara, se ahogaba. En ocasiones parecía gemir con la sordina de sus labios sobre ella. Javi resoplaba, más fuerte a medida que el ritmo del golpeteo en la pared se hacía más intenso...


- ¡Para, para, no te corras dentro!

Fue una orden tajante, emitida como un grito asustado, y tras ella se interrumpió el golpeteo, los gemidos de la niña, todo menos la respiración honda y sonora de Javi. Frotaba mi sexo por encima del panty frenéticamente. Casi podía verla arrodillada a sus pies, tragándose la polla de aquel niñato idiota. Me corrí mordiéndome los labios, tratando de ni respirar hondo, sintiendo deslizarse en mi garganta el esperma que entre gruñidos chorrearía entre los labios de mi pequeña, ardiendo de rabia y de celos.

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Hentai 5

Publicado en Cuentecillos el 1 de Abril, 2007, 18:55 por Yo Soletina

- Eres una puta.
- ¿Pero, qué dices?

- Que eres una puta.

María entró en casa y atravesó a la carrera el pasillo hasta el salón. Cuando, tras cerrar la puerta, la seguí hasta allí, la encontré arrodillada metiendo un DVD en el vídeo y manejando nerviosamente los botones del mando a distancia mientras en la pantalla del televisor se dibujaba la pantalla azul y neutra del explorador.

Consiguió, y me sorprendió una vez más la facilidad con que los chiquillos manejaban los aparatos electrónicos, lo que yo nunca había conseguido, y dos archivos de vídeo se iniciaron al tiempo en dos esquinas opuestas de la pantalla. Reconocí el sitio: el aula de informática del instituto. Frente a mis ojos, a cámara rápida, transcurrían los momentos angustiosos de la tarde anterior: en una esquina María chupaba las pollas de aquellos dos canallas; en la opuesta, yo miraba la escena con una inquietud creciente. De repente detuvo el avance rápido. Los dos videos parecían sincronizados: en el primero María era follada salvajemente por Pablo mientras manipulaba la polla de David retorciéndose. El audio no era muy bueno, pero podía escuchársela gemir; en el otro, yo misma, de pie y apoyada en la pared, temblaba acariciándome con la mirada clavada en el punto donde se supone que estaban ellos. Tenía la falda remangada y podía apreciarse cómo mi mano escarbaba bajo la braga. Gimoteaba con los ojos entornados mientras me corría con la imagen de la niña violada en la retina.

- Eres una puta.
- ...
- ¿Tanto te gusta ver cómo me follan?
- ...


Pues te vas a hartar, zorra. Voy a hacer que me joda el mundo entero. Follaré con el conserje, con todos los profesores, con los chicos del Instituto. Follaré con ellos y te traeré vídeos para que puedas disfrutar tocándote como una zorra viéndolos.
De repente me desmoroné. Me dejé caer en el sofá exánime, llorando de vergüenza y de miedo. La había perdido. Ya no podría volver a mirarle a la cara. Apenas pude entrever cómo salía de la sala entre lágrimas para volver al momento, después de escucharse el sonido de la puerta al abrirse y cerrarse rápidamente, en compañía de Javi, el muchacho alto y callado que solía sentarse detrás de ella en clase.

- Ahora vas a disfrutar, puta.

Sin darme ni un segundo para reaccionar comenzó a besarle los labios. Lo hacía de un modo lascivo, desvergonzado: le mordía, jugaba a succionarle la lengua, a perseguirla introduciendo la suya en su boca mientras su mano acariciaba frente a mis ojos el bulto inocultable que se había formado bajo la tela de su pantalón vaquero.

- ¿Te gusta? ¿Esto es lo que te gusta?

Sus dedos peleaban con la cremallera, se introducían en ella y pugnaban por hacer salir el sexo del chaval que, de tan duro, dificultaba la maniobra. Cuando por fin lo consiguió, sin dejar de besarle como si quisiera extraerle la vida por la boca, lo envolvió amorosamente en la mano y comenzó a deslizarla lentamente. Estaban muy cerca de mi. Podía oler el deseo del muchacho, que me miraba con los ojos muy abiertos, sorprendido y asustado, pero incapaz de resistirse a las caricias de María.

- ¡No se te ocurra tocarte!

Ni siquiera me había dado cuenta de que comenzaba a acariciarme por encima de la braga. La visión de los chiquillos en esa tesitura me resultaba irresistiblemente excitante. Apenas hubiera necesitado adelantar un palmo la cabeza para poder besar la polla azulada de Javi. Deseaba hacerlo.

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Graziella

Publicado en Cuentecillos el 31 de Marzo, 2007, 3:12 por Yo Soletina
La siento. Casi puedo escuchar su respiración al otro lado de la puerta. De alguna manera puedo oler su excitación mientras mi mano agarra firmemente la polla de Enrique y la recorre cubriendo y descubriendo el glande con la piel delgada y suave como la seda.

- Así, putita, no pares...

Puedo respirar su nerviosismo, olfatear su sudor, el fluir interminable entre sus piernas. Se que está ahí, temblando, cubierta a duras penas por ese vestido ridículo que le compré, de criada de comic, con la falda tan corta, el corpiño tan apretado que parece que vayan a estallarle las tetazas  de mulata grandes y firmes.

- Vamos, perrita, cómetela...

La escucho temblar mientras me agacho entre sus piernas y comienzo a tragármela, a chuparla exagerando el ruido como de besos, los gemidos como ansiosos. Me esfuerzo por hacer que suene, que no quede duda, que sepa desde el otro lado de la puerta que se la estoy comiendo, que tengo el coño ardiendo mientras se la chupo, que me voy a correr cuando me folle.

- Así, amor, no pares...

Y paro, solo por un instante para llamarla:

- Graziella!!!

Escucho el silencio agitado, los nervios, sin saber qué hacer.

- Vamos, Graziella, entra. Se que estás ahí.

Y me hundo de nuevo entre sus piernas lamiéndole los huevos mientras mi mano acaricia, deslizándose, el tronco duro y brillante de saliva. Y me la trago entera, ahogándome, mientras la imagino a mi espalda tirándose de la falda ínfima, inquieta, queriendo no mirar, pero mirando, sintiéndose taladrar por la mirada asombrada de Enrique, incapaz de decir nada mientras se la como sin parar.
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Mujeres de verdad

Publicado en Solo Imágenes el 25 de Febrero, 2007, 1:38 por Yo Soletina

No conozco al autor, pero me maravilla el delicioso trato que sabe dar a las imágenes de mujeres auténticas, maduras, reales, abundantes... Supongo que en este momento de mi vida me gusta ver reivindicada la imagen de la gente que es como yo.

Un regalo después de un prolongado, aunque involuntario, período de abandono.

Hentai 4

Publicado en Cuentecillos el 24 de Febrero, 2007, 1:40 por Yo Soletina

Cuando desperté debían ser más de las doce del mediodía. Me sentía confusa, decaída, como solo puede sentirse una después de haber bebido más de lo que conviene.  La luz que se colaba entre las rendijas de la persiana dibujaba en el aire líneas brillantes de polvo de estrellas.

Quise quedarme dormida, evitar recordar, y se me llenó la cabeza de imágenes de la noche anterior. Me recordé sentada en el retrete, bebiendo en las pollas de Pablo, de David, de aquellos otros dos muchachos cuyos nombres no debí siquiera llegar a escuchar, dejándome follar ansiosa, borracha, víctima de aquella extraña sensación de verme violentada y enloquecida, cómo si el hecho de ser violada bajo amenaza, al escapar de mi voluntad, me eximiera de responsabilidad en el suceso, y me permitiera practicar el sexo de un modo que, por involuntario, eludía la culpa.

Quise sentirme asqueada por lo sucedido. De un modo automático, aprendido, traté de imponerme la vergüenza. Y, sin embargo, al recordar el relieve rugoso de aquellas pollas que me resultaba imposible asociar con una cara, el deslizarse de la piel sobre la carne dura y venosa, me sentí excitada cómo no recordaba. Me encontré acariciándome, rememorando el modo en que aquellos cabrones me jodían  humillándome, insultándome; el modo en que me obligaban a mamársela y se corrían en mi boca, en mi coño. Me froté ansiosa, me follé con los dedos sintiendo todavía en la boca el gusto del esperma insulso manando a borbotones de las pollas que latían como pequeños corazones cilíndricos. Me corrí recordando el miedo informe y excitante, la extraña sensación de ser follada contra mi voluntad, o, quizás, contra la que hubiera querido que fuera mi voluntad, pues al menos eso me hubiera permitido mantener la dignidad de víctima que la excitación del momento, y la que sentía entonces, horas después, recordándolo, desmentía.

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MANIFESTACIÓN

Publicado en General el 13 de Enero, 2007, 14:12 por Yo Soletina

MADRID

POR LA PAZ, LA

LIBERTAD,

CONTRA EL TERRORISMO

Manifestación en Colón el Sábado 13 de Enero a las 18 horas