12 de Julio, 2005


Esperma

Publicado en Reflexiones el 12 de Julio, 2005, 20:14 por Yo Soletina

A muchas de vosotras, lo se, os desagrada. Al menos se que desagrada a muchas de mis amigas. Sin embargo a mi...

No es que me guste cómo sabe. Es insípido, no resulta un manjar, desde luego. Más bien se trata de lo que significa.

A mi me gusta ser deseada. Claro, cómo a ti, ya imagino. Pero en mi caso, creo que es la razón por la que me gusta el esperma.

Verás: con frecuencia renuncio a ser penetrada. Incluso renuncio a ser acariciada a cambio del placer de sentirme una diosa.

Acaricio arrodillada entre sus piernas su polla que, con poco, adquiere la consistencia que adoro, que me indica que despierto su deseo. No quiero que me toque; no quiero que haga nada. Solo que me desee, que se rinda.

La recorro despacio con los dedos, rozándola tan solo. Mirándole a los ojos. La sujeto y dejo que se deslice entre los dedos y la palma empuñándola. Sabe que no podrá hacer nada más que gozar pacientemente de mis atenciones ciñéndose al ritmo que imponga mi capricho.

Me gusta. Es poder.

Acerco mis labios a ella mirándole a los ojos. Me retiro sin tocarla. Hace un aspaviento de sorpresa. Imploraría si no supiera que terminaré haciéndolo. Me acerco de nuevo y esta vez si: la siento entre los labios. Está dura, muy dura. Sobre la piel suave comienzan a dibujarse las venas. La humedezco; la recorro lentamente con mi lengua; la trago hasta que no puedo vencer la nausea y necesito retirarla; giro mi cabeza en torno a ella envolviendo el extremo con la lengua...

Le miro a los ojos. Respira agitadamente. Siento el deseo de sentarme encima, de clavármela, y me contengo. Quiero dominar la situación. En su lugar me acaricio, o busco donde sentarme, donde frotarme. Me da igual: un cojín, su tobillo; ni propia pierna arrodillada...

Está empapada. La recorro con la mano dejando que resbale suabemente, alternando la presión con la caricia apenas insinuada; vuelvo a veces a ponérmela en la boca, a metérmela en la boca mirándole a los ojos con mi mejor gesto de zorra ansiosa de su polla; o de muñeca inocente.

Está más dura cada vez. Las venas dibujan un relieve marmóreo. Siento su angustia cuando ralentizo el ritmo. La succiono. envuelvo la punta con mi lengua presionándola y la succiono. Las piernas le tiemblan. Gime. Su capullo crece en mis labios y puedo imaginarlo amoratado. Va a terminar. Lo noto. Mi sexo chapotea, me froto cómo poseida.

Y llega. Por fin llega. Es la constatación misma de su deseo, de mi poder.

A veces la trago. Dejo que lata en mi boca, que golpee mi garganta una vez tras otra,  y la bebo regodeándome. En otras casiones la saco deprisa por verla golpear el aire sola, despidiendo sus chorros de esperma que me salpican en la cara, sobre los labios; que resbalan por las mejillas deslizándose hasta el pecho. Y me corro frotándo mi sexo con las manos tan fuerte cómo aguanto.

Es mi esperma, mi derecho, la constatación material de su deseo de mi, el símbolo de mi reinado.