15 de Septiembre, 2005


Arte

Publicado en Solo Imágenes el 15 de Septiembre, 2005, 22:55 por Yo Soletina

Solo unas cuantas bellas imágenes, un deleitarse los sentidos y llenarse de sensualidad, de pasión, de la mirada precisa de un artista.

Suelo preguntarme qué diferencia al arte de lo que no lo es, y suelo concluir que, por encima del dominio de la técnica, que pudiera ser simple artesanía, radica en la mirada del artista, en el simple hecho de observar y comprender cuales de entre todos los detalles de lo visto, encierran la esencia de lo que merece ser plasmado, comprender en qué consistía, de entre todo lo que componía aquella escena, vista o imaginada, la belleza.

Quien sabe. Lo más probable es que no tenga mayor importancia.

Las imágenes han sido tomadas de AMEA / World Museum of erotic art , un sitio que merece visitarse, y que descubrí visitando el BLog de Jorge Rueda: "Erotolalia" , igual de recomendable que la primera vez que lo mencioné.

Cuatro maneras de mirar al trigo

Publicado en Reflexiones el 15 de Septiembre, 2005, 19:30 por Yo Soletina

Al sol de mediodía nos desvela el brillo metálico dorado de las espigas quietas; nos habla de calor, de indolencia, imprescindible ante la dureza inmisericorde del sol abrasador, y responde abatiéndose, agachando las cabecillas de amarillo pálido, doblegándose bajo el influjo de una fuerza superior con el aire lánguido de las doncellas sumisas. Nos invita a la pereza, al dejarse adormecer entre sueños inquietos estivales, al durmevela sordo (siesta canicular imposible de sudor y de esparto en la garganta, y el deseo inexplicable de yacer, quizás por conseguir humedecernos y sentir acariciándonos al aire que nos seca).

Al sol transversal de atardecer se suaviza, se matizan los colores y aparece, bajo la capa exterior de amarillo inevitable, una especie de aura anaranjada. La brisa lo abate levemente, se dibuja sobre la superficie informe, y podemos comprender la misma forma del viento, intuyendo al mismo tiempo el cimbreo sensual de la miriada de cañas que se vencen, se levantan, y vuelven a vencerse una tras otra siguiéndose con cada nuevo resoplar, dibujando ondas de trigo y de viento que juegan a burlar la quietud ancestral, la ancestral pereza de la tierra roja, agrietada, que se mueve apenas según pautas temporales extrahumanas.

Al comenzar la tormenta, cuando el sol lo ilumina todavía y el cielo al fondo se oscurece, y bajo la gran nube pálida algodonosa comienza a divinarse el gris plomizo, amenazante, las ráfagas de viento violentas y caprichosas parecen empeñadas en romperlo todo, en arrastralo todo al interior de la tempestad, que las succiona insaciable y responde a su tributo con un crujido de siglos de rabia contenida; el trigo se estremece, tiembla, parece querer desarraigarse para huir, crepita esperando.

¡Vaya! Y ahora quiero pan con queso: un pan espeso de hogaza, denso y tostado, con aroma de tahona, de leña y de trasnoche, y un trozo grande y grueso de queso fuerte de oveja.