20 de Enero, 2006


Navegando

Publicado en Otros Cuadernos el 20 de Enero, 2006, 23:56 por Yo Soletina

Cómo acostumbro, ya sabeis, ando dándome una vuelta por las direcciones que encuentro en las firmas de quienes tienen la amabilidad de dejar sus mensajes en el SexLog; y, cómo a veces sucede, me encuentro un lugar delicioso: se llama "Erotismo gráfico", y es una delicia navegar por entre sus imágenes, y bucear en sus enlaces. La verdad es que da gusto encontrar páginas de tan buen gusto.

Y, ya que andamos olisqueando por ahí, me pongo a rebuscar un ratito tal y cómo recomiendo hacer, y llego a la página de R.L. Wood, que no tiene desperdicio: un exquisito derroche de sensibilidad, delicadeza y sensualidad natural. Me encanta este dibujante, y me agrada pensar que dentro de unos años, cuando el tiempo vaya dejando sus huellas inevitables, podré seguir aspirando a ser bella para quién sepa mirar así de bien.

Sus imágenes tienen todas una reserva de derechos, pero no puedo resistirme a poner una de muestra. Esta dichosa manía de andar vulnerando las normas... De todas formas no creo hacer mal.

La visión de Tía Clara

Publicado en Cuentecillos el 20 de Enero, 2006, 23:11 por Yo Soletina

Tía Clara solía tomar el sol sin sostén echada en una tumbona junto a la piscina, sobre el césped, y a mi, que por entonces debía tener 15 años, me gustaba subir al tendedor de la terraza para mirarla a escondidas.

Tía Clara tenía la piel del color de la canela. Después de comer, se sentaba en la tumbona, se ponía un sombrero de paja y unas gafas de sol, se quitaba el sostén del bañador, y se untaba con una crema aceitosa que hacía que brillara cómo el agua, y a mi me gustaba ver cómo la extendía en una caricia metódica y lenta, sin que quedara un centímetro de ella que no reflejara el sol de primavera.

Tía Clara se engrasaba con parsimonia, casi con delectación, y solía terminar entreteniéndose en los senos, que eran amplios, de aspecto blando y amable, y los pezones se le recogían oscuros, contraídos, y yo esperaba a que se tumbara y un ratito más, hasta estar seguro de que dormía, y tarde tras tarde tocaba mi sexo mirándola hasta que se me cerraban los ojos y se me escapaba la lechecita clara en medio de una nube de senos de Tías Claras sobre el fondo oscuro de los sueños.

A tía Clara, cuando se tumbaba, los senos se le volcaban cómo un mar de senos derramado sobre el pecho, y cuando respiraba, se movían ondulantes y sensuales, y cuando estaba dormida y el sol calentaba su piel del color de la canela, volvían a extendérsele los pezones cómo si también ellos durmieran, y yo tocaba mi sexo hasta correrme, algunas tardes dos o tres veces, imaginando un lecho de senos de tía Clara, de pezones generosos y carnes ondulantes donde descansar.

Tengo una foto de una tía desnuda –decía Carlitos presumiendo y sin enseñárnosla hasta hacernos rogarle el favor primero-

No me importa. 

Pues mi hermano tiene una revista entera debajo del colchón, y salen muchas mujeres, y hombres que se las meten, y yo la miro cuando sale por la tarde –respondía Alberto no queriendo ser menos-

¡Bah!

¿Tu te las has pelado alguna vez?

A mi me gusta pelármela viendo la revista de mi hermano.

Yo vi a mi hermana desnuda. Se me creció casi un palmo, y me la pelé hasta que me corrí en el baño, y ahora siempre que lo hago pienso en ella.

Pues yo le veo cada tarde las tetas a mi tía Clara cuando se tumba a tomar el sol creyendo que estoy dormido –dije de sopetón dejándome acariciar por la sensación de triunfo al ver sus ojos golosones fijándose solo en mi-

Carlitos, Alberto y yo subimos aquella misma tarde al tendedor de la terraza para ver a tía Clara, y observamos sus maniobras amorosas y delicadas, ellos con el corazón en un puño, y yo sumergido hasta el ahogo en el orgullo, casi mirándoles más a ellos que a la tía para gozar de la admiración que había conseguido.

¡Ostia, tio!, ¡Qué buena que está!

¿Me dejas que me la pele?

¡Shhhhhhhhhhhh! ¡Qué nos va a oir!

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Jazmines en el pelo

Publicado en Cuentecillos el 20 de Enero, 2006, 6:55 por Yo Soletina

No quiero empezar mi relato contándoles aquello de que "nací prisionera en un cuerpo de hombre", aunque es bien cierto que así es, y que no conozco una manera mejor de describirlo, pero no quiero empezar así, no quiero que mi historia parezca una mas de las que se pueden escuchar cualquier tarde en cualquier "reality".

De hecho no lo es; al menos no lo es en sentido estricto, pero no me es fácil explicarlo, de manera que prefiero contársela y que sean ustedes quienes traten de definirla, si es que pueden.

Nací hace 27 años en un barrio céntrico de Madrid (gracias a Dios. No se qué hubiera sido de mi en una ciudad pequeña, o en un pueblo).

Desde muy niño me sentí extraño en mi cuerpo, cómo si discordara con mis sensaciones. No era nada que tuviera que ver con el sexo, no, en absoluto -de hecho mi interés por el sexo fue tardío-. Más bien se trataba de mi relación con el mundo, de una absoluta falta de identificación con los intereses de los demás niños de mi barrio primero, y de mis compañeros de estudios mas tarde. Yo no era como ellos: nunca me interesaron los deportes, ni jugué a marcar mi territorio violentamente, ni me pareció que las cosas fueran fáciles de entender, ni quise impresionar a todo el mundo con mis hazañas…

Sin embargo, tampoco hubo en mi infancia ningún acontecimiento que indujera a pensar que era una mujer: no fui en absoluto uno de esos chiquillos amanerados a quienes los compañeros de la escuela torturan con esa crueldad extrema que solo los niños manifiestan sin vergüenza, ni me quedaba admirado frente a los escaparates de las boutiques de moda, ni jugaba con muñecas, ni me probaba la ropa interior de mamá. Sigue leyendo