Catálogo de Putas 01: Doña Merche
Publicado en Cuentecillos el 21 de Enero, 2006, 23:52 por Yo Soletina|
ADVERTENCIA: La imagen que ilustra este cuentecillo, ha sido tomada de la excepcional colección de fotografías retro eróticas de Paragon Past Paraphernalia , cuya visita recomiendo muy encarecidamente, y pertenece a una dama a quién no conozco, y que en absoluto puede ser relacionada con el motivo de la historia.
Doña Merche, la notaria, se hizo puta casi por casualidad, por uno de esos caprichos del destino que nos Doña Merche, que nació de familia bien, guió sus pasos acertadamente para alegría y solaz de sus padres, Doña Merche y Don Damián, y casó con un notario talludo siendo aún casi una niña de seños de manzana y risa franca y sincera. Doña Merche, casi niña, puso su casa en Zamora y vivió por muchos años cómo envuelta entre algodones, con sirvientas y lacayos, una despensa opulenta y bien surtida, muebles lujosos y caras alfombras de nudos; y solía invitar a las demás señoras de la parroquia a té con pastas y a chocolate con picatostes durante las breves y heladas tardes del invierno mesetario, y a un vasito de anís cómo un dedalito de cristal espirituoso y perfumado. Doña Merche, muy temprano, descubrió con Don Gerardo, su marido, las alegrías carnales del fornicio honrado de las esposas tiernas de los hombres talludos de posibles, y tomó gran afición a eso de darle al badajo, siendo causa de profunda satisfacción para el notario el regocijo entusiasta con que su Santa ejercía el débito conyugal. - No sabe Usted, Don Alfredo, lo bien que sabe tratarme esa bendita que Dios me dio por esposa. - Pues que Dios se la conserve, Don Gerardo, que de esas entran pocas en docena. - Pues que sea. En los quince años que duró el notario a Doña Merche (Dios nos le tenga en su Gloria) pasó de chiquilla pizpireta y aplicada a dama de noble apariencia, nobles sentimientos, y nobles carnalidades mórbidas y abundantes sin flaquear ni una noche, ya fuera invierno o verano, de su entrega fervorosa y entusiasta, con tal grado de tesón vocacional, que la admirada complacencia de su deudo terminó tornando en vicio y en flaqueza, pues de todos es sabido que quién casa con joven deja viuda. - Dios nos lo da, Dios nos lo quita, Doña Merche. - Ya ve Usted, Doña Enriqueta, ya ve Usted. |
ponen inadvertidamente a transitar por senderos inciertos y escabrosos.
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Putas cómo flores de todas las especies: putas alegres, tristes, risueñas y melancólicas; sonrientes putas tentadoras y discretas; putas desgraciadas, dolidas, rencorosas; tristes putas caídas en desgracia con pasados brillantes y muelles expectativas frustradas; ardorosas putas vocacionales; lozanas y voluntariosas putas de pueblo con aromas de tomillo y de albahaca. Putas, putas, putas de todos los colores, de todas las naciones: putas que acarrean terribles historias de desdichas sin cuento, de engaños y traiciones; putas viejas, manipulando en los cines a oscuras para ocultar los estragos del tiempo en sus carnes cansadas; putas casi niñas, pequeñas putillas de miel y de manzana; putas pragmáticas, ocasionales putas con la vida organizada y un envite prefijado en el oficio; nobles putas elegantes, damas orgullosas henchidas de razones para putear con la resignada aceptación de los destinos rotos; delicadas putas orientales, expertas maestras de caricias; putas especializadas, profesionales de cuero, masajistas de manos chispeantes; putas pajilleras; putas gruesas y carnales, opulentas cortesanas abundantes y morbosas; putas flacas, manejables, chiquititas; huesudas putas yonquis de piel gris y miradas perdidas en un asco perenne, ahítas de llenar noche tras noche el ansia que no cesa. Putas.