Sin preámbulos
Publicado en Cuentecillos el 22 de Enero, 2006, 23:35 por Yo Soletina|
Le siento en una silla de escritorio sin adornos, ni brazos, ni obstáculos, solo un asiento, una pata central con ruedas, y un respaldo abatible, y me arrodillo frente a él. Apenas me entretengo un momento, uno, quizás dos minutos, mirándole a los ojos, dejando que mi lengua recorra el borde de los labios para esconderse despacio en las comisuras, y me desabrocho la blusa botón a botón agachando la cabeza con un gesto coqueto, una sonrisa que trata de ser tímida y solo es desmentida por el brillo lascivo de mis ojos clavándose alternativamente en los suyos y en el bulto que va formándose bajo el tejido gris marengo de sus pantalones. Me bajo la cremallera de la falda y la deslizo muy despacio caderas abajo desvelando milímetro a milímetro la albura generosa de mi piel. Y ya estoy casi desnuda frente a él, arrodillada. Me quito una media, solo una, y jugueteo con ella. Me acerco mucho, mucho. Coqueteo llevándole los brazos a la espalda, dejando que mis pezones rocen a través de las puntillas color carne anaranjada del sostén el vello que cubre su pecho desnudo, y le ato con ella las muñecas tras el respaldo del asiento. Ahora eres mío –le digo en un tono de chiquilla malvada mientras me separo apenas un palmo, quizás dos, para mirarle-. Me quito la otra media dejando que se enrolle muslo abajo, empujándola con las palmas de las manos hasta que termino de descubrir la pierna entera y la dejo en el tobillo para despojarme de las braguitas tratando de mostrarme lo más sugerente que se, ocultando mi sexo a su mirada. Las sienes se le están cubriendo de perlitas diminutas de sudor. Las acerco a su nariz y dejo que las huela. Huelen a mí, y a mi perfume. El pantalón parece ir a descoserse. Se les meto en la boca y termino de quitarme la media que me queda enrollada en el tobillo. La desenvuelvo despacio. Me muevo sensualmente frente a él. Ato la media alrededor de su cabeza sujetando la braguita entre los labios. Y paso a centrarme en él. Desabrocho sin prisa el cinturón sin dejar de mirarle a los ojos, que podrían salírsele de las órbitas; el botón, simulando que me cuesta trabajo, cuidando de ni siquiera rozar el paquete impresionante que dibuja. Bajo la cremallera venciendo la resistencia que el relieve de su sexo embrutecido dibuja; y deslizo muy despacio el pantalón hasta dejarlo en sus tobillos, cómo una atadura más. |
Vale, vale, comprendido, nada de perder el tiempo en adornos innecesarios, vayamos al grano directamente y dejémonos de barroquismos y romanzas. Mmmmmm… quizás demasiado extensa la introducción.
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