Cajón de sastre
Publicado en Cuentecillos el 20 de Agosto, 2006, 0:48 por Yo Soletina|
- Pues no, señorita, no lo es en absoluto, aunque puedo comprender su extrañeza. No obstante, cómo entiendo que parece precisar Usted de un tiempo de calma para reflexionar acerca del asunto, podemos hacer una cosa: tenga mi tarjeta, y no dude en ponerse en contacto conmigo si considera que nuestra oferta es razonable. -… - De hecho, aun en el caso de que considerase Usted la posibilidad de aceptarla, pero entendiese las condiciones insuficientes, llámeme y las discutiremos. Carmen se quedó desconcertada en medio del pasillo de Atravesó las avenidas inacabables de plátanos y castaños de Indias que comenzaban a mostrar el reverdecer de brotes que pronto desdibujarían las siluetas invernales de ramas retorcidas casi sin fijarse, dejándose acariciar por el viento todavía fresco de la mañana, y camino hasta Moncloa sin percatarse del estruendo de las hileras interminables de coches empeñados en su sinfonía eterna de afanes transeúntes, para sumergirse en la retícula geométrica de calles estrechas camino de Quevedo. - ¡Vaya, por fin llega Sonia, su compañera de piso, recogía la cocina en una pausa del estudio. La radio atronaba el ático entero abierto de par en par, y la luz se colaba a raudales a través de los ventanales enormes dotando a aquel pequeño espacio coqueto y elegante de un aire perfecto de cosa nueva. - Ni te imaginas lo que me ha pasado. - Si, pues luego me lo cuentas, que ahora tenemos que hablar del alquiler. Ha venido la casera, y dice que cómo no le paguemos el mes esta semana nos pone de patitas en la calle. - ¿Y qué le has dicho? - Pues que no se preocupe, claro ¿qué iba a decirle? - Si, pues cómo no tengas pelas tú… A mi me quedan 60 euros para terminar el mes… - Ya estamos cómo siempre. Chica, yo mi parte la tengo, y aún podría poner otros 30 ó 40, pero es que no podemos estar siempre igual. Todavía me debes 50 del mes pasado, y llevas sin meter en la nevera ni un yogurt más de 15 días.
Desde que se conocieron gracias al cartel que encontró en el tablón de anuncios de la facultad ofreciendo "compartir ático muy cerca de - Vas a tener que volver a llamar a tu papi. - Pues va a pensar que es que me drogo… La tarjeta en el bolsillo de la chaqueta de paño de delicada espiguilla gris tomó vida de repente, y el corazón pareció acelerársele al contemplar por primera vez seriamente la posibilidad de aceptar la oferta de aquella desconocida: Pilar Nogal de Merindades Escuela de Relaciones Interpersonales |
- Bah, venga, es una broma ¿no?
Sonia era su perfecta contraparte. Carmen solía decir que si algún día conseguía terminar la carrera sería gracias a ella. Le divertía verla enfadada en su papel de madraza poniendo orden en las vidas de las dos.
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