Noviembre del 2006
Publicado en General el 19 de Noviembre, 2006, 0:58
por Yo Soletina
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Hace tiempo publiqué un post hablando de lo contenta que estaba por que 20.000 veces había sido visto mi sitio, y comentando lo EXCITANTE que me resultaba imaginarlo.
Bueno, pues esta semana he alcanzado la cifra de 200.000... Un enorme río de deseo, y me encanta.

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Publicado en Cuentecillos el 19 de Noviembre, 2006, 0:58
por Yo Soletina
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La imagen que ilustra este cuentecillo pertenece al excelente trabajo de Loic Dubigeon Titulado "Manuel de Civilite", que puede encontrarse en la no menos impresionante página "Il mondo di Anastassja", que creo que gustará a varios asiduos lectores y, muy especialmente, al Sr. Díez.
Una vez, una sola vez Carmen cayó en la tentación de serle infiel a su marido. Por mucho que aquel animal lo hubiera merecido, una sola vez cedió a los halagos galantes y dulces de Ramiro y se dejó seducir. Y solo sucedió una vez. Una única vez, en la penumbra del atardecer, a la orilla del río, sintió lo que significaba el placer de ser considerada como algo más que carne, tratada con dulzura, acariciada, besada. Solo una vez, previa advertencia de que no habría otra, aceptó los requerimientos de quién había sido su admirador desde el colegio, del único hombre acerca de cuya lealtad no le cabía duda alguna.
Y después quiso volver a su vida ordenada de fiel ama de casa sin tacha, de madre de familia siempre atenta, de criada de aquel bruto que nunca tuvo el menor miramiento para con ella, y se olvidó de aquella única vez, dejándose llevar por la marea de una existencia perfectamente convencional, sin sobresaltos ni grandes esperanzas, sin incertidumbres ni grandes zozobras tampoco.
Si hubiera sabido, si tan solo hubiera intuido la remota posibilidad de que aquello fuese a acarrearle las terribles consecuencias que años después tuvo que padecer; si hubiese tenido la mínima sensación de que existía un riesgo siquiera la mitad de amenazante, jamás hubiera aceptado, se habría resignado sin más a no conocer aquel placer que sabía por boca de otras que podía sentirse. Nunca habría cambiado su vida plácida y serena, su vida de costumbres y gestos repetidos, por aquella única experiencia que, a la postre, tampoco supuso en su fuero interno un suceso excepcional; tan solo la certeza de que otros modos existían, nada a lo que no pudiera renunciar a cambio de todas aquellas otras certezas y seguridades que conformaban su existencia muelle y cómoda, su sencilla adaptación a las costumbres ancestrales, al colchón de rituales repetidos que conformaba su aislamiento protector frente al mundo, a la intemperie peligrosa en incierta.
De aquello habían pasado ya más de 15 años. Carmen contaba cuarenta primaveras y seguía siendo una mujer muy atractiva, más formada, más madura, más carnal. Sus senos, enormes y redondeados aún se dejaban sujetar por las copas del sostén, en su vientre se dibujaba una curva armoniosa, y sus nalgas generosas y hospitalarias coronaban unas piernas dibujadas y formales. El tiempo había terminado con su aire de chiquilla alta y delgada sin privarla de belleza, sustituyéndolo por un atractivo maduro, por una silueta de matrona sostenida y conservada que le hacía mantenerse entre los sueños de los adolescentes de su pueblo, que aún podían ver en ella los rasgos rotundos de una sensualidad abundante y generosa, de una carnalidad ostentosa y rotunda. Las líneas que se habían dibujado en la piel suave y cuidada de su rostro resaltaban su dulzura de carácter, su inclinación a la risa comedida, a la serena alegría de las personas buenas, y apenas podían distraer la atención del mórbido derroche de sus labios tan amables, del reflejo meloso de la luz en sus ojos almendrados, o del brillo de azabache de su pelo.
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Publicado en Otros Cuadernos el 11 de Noviembre, 2006, 9:06
por Yo Soletina
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Una vez más rebuscando en Technorati, encuentro la alegría de verme recomendada, y en esta ocasión, mayor si cabe al ver la calidad de los sitios desde donde se hace.
Fue primero Anaïs desde su página "A escondidas (la otra parte de mi vida)" quién quiso poner al SexLog entre sus páginas y páginas de poemas delicadísimos, de breves relatos de pinceladas suaves, escenas deliciosamente románticas, eróticas de erotismo cálido y dulce que dejan en la boca un sabor de mazapán y de canela, tan distinto del desgarro del sexo brutal que yo suelo concebir, entre los cuales desgrana una lectura, recomienda una película... Un lugar de reposo tenso, cómo queriéndonos tener entre serenos y en vilo al mismo tiempo.
Y tambié lo hizo Carlos en su sitio "Fashion Blog" que es una colección IMPRESIONANTE de enlaces a páginas de arte erótico. Carlos conoce a los autores: a los ilustradores, dibujantes, pintores y fotógrafos; le pone un nombre a sus trabajos y nos los ofrece ordenados para que sepamos quién es quién nos estimula y nos ofrece los frutos de su mano. Es quizás una de las mejores páginas que he encontrado sobre la materia, y te permitirá descubrir la obra de artistas de altísimo nivel.
Es una visita que no puedes perderte de ninguna manera. Yo he descubierto gracias a él, a muchísimos autores destacables, de entre quienes voy a destacar, por que me ha impresionado mucho, la obra de Michael Kirwan, el autor del dibujo que ilustra estas líneas, que nos ofrece una visión muy personal, muy potente del sexo, con un aire violento y animal que, al menos a mi, me hace sentir muy muy "estimulada".
A ambos gracias por vuestra consideración.

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Publicado en Cuentecillos el 4 de Noviembre, 2006, 0:39
por Yo Soletina
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Un poema, sin dibujo, solo letras:
Me despiertas (y germino)
sorprendida de temblarme entre las brumas del sueño
(¿o eres tu?)
quebrándome en estertores de un ansia imperiosa y roja.
Me desvelo (floreciendo)
latiéndote entre labios ondulada,
desangrándome de vientos imposibles
(tráfago de vientos imposibles
escapando entre los dientes y silbando).
Y me afano una vez más en deshacerme,
en dejarme entretejer en tu contacto
(tus labios son el centro y yo,
que me derramo,
girando alrededor,
prendida de alfileres
y temblando).
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Publicado en Cuentecillos el 4 de Noviembre, 2006, 0:17
por Yo Soletina
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Todo empezó de la manera idiota cómo empiezan con frecuencia los acontecimientos que marcan el resto de nuestras vidas: Sonia, mi prima, y yo, que mantenemos una relación que podríamos definir como algo más que amistosa, habíamos concertado una cita con un conocido médium para que nos ayudara a organizar una sesión de espiritismo.
Yo nunca he creído en esas cosas, y supongo que tampoco Sonia. Más bien se trataba de un juego, de una experiencia que abordábamos con un prudente escepticismo y nos causaba más risa que respeto, aunque ya saben ustedes que, cuando tratamos con la muerte, solemos mantener una reserva discreta, una especie de recóndito temor que tratamos de ocultarnos.
A la hora acordada, a media noche, llegamos al siniestro caserón que la ciudad, en su crecer imparable, había terminado por engullir, y que se mantenía cómo una lúgubre presencia inexplicable en medio del maremagnum de los grandes bloques de un barrio residencial cercano al centro. Encontramos entreabierta la cancela del jardín semiabandonado, y lo atravesamos sin poder evitar un estremecimiento ante las siluetas fantasmales de los árboles deshojados. Recuerdo cómo si lo estuviera viendo el respingo de Sonia cuando una rama colgando del emparrado bajo cuyo cobijo se alcanzaba la entrada principal rozó su pelo.
Por fin alcanzamos la gran puerta de madera finamente labrada y adornada con vidrieras de colores de motivos vegetales. A su través se traslucía la luz tenue del interior de la casa. Nos miramos a los ojos tratando de reunir el ánimo preciso para llamar y finalmente fui yo quién alzó la aldaba, y golpeé con ella la madera produciendo un ruido sordo y seco.
- ¿Dios mío, es tétrico! –murmuró Sonia con un hilo de voz-.
- ¡Shhhh! Calla, que nos van a oír.
Transcurrieron unos segundos antes de que nos abrieran, que nos parecieron una eternidad, hasta que escuchamos un ruido de cerrojos y el chirrido que anunciaba la presencia de una mujeruca menuda y delgada en el umbral mirándonos con la expresión ausente de quién atiende a una molestia pequeña pero inevitable.
- Doña Sonia y Doña Carla, supongo –no esperó nuestra respuesta- El Maestro las espera.
- ......
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