4 de Noviembre, 2006


Tráfago de vientos imposibles

Publicado en Cuentecillos el 4 de Noviembre, 2006, 0:39 por Yo Soletina

Un poema, sin dibujo, solo letras:

Me despiertas (y germino)

sorprendida de temblarme entre las brumas del sueño

(¿o eres tu?)

quebrándome en estertores de un ansia imperiosa y roja.

Me desvelo (floreciendo)

latiéndote entre labios ondulada,

desangrándome de vientos imposibles

(tráfago de vientos imposibles

escapando entre los dientes y silbando).

Y me afano una vez más en deshacerme,

en dejarme entretejer en tu contacto

(tus labios son el centro y yo,

que me derramo,

girando alrededor,

prendida de alfileres

y temblando).

Prima Sonia y el Mal

Publicado en Cuentecillos el 4 de Noviembre, 2006, 0:17 por Yo Soletina

Todo empezó de la manera idiota cómo empiezan con frecuencia los acontecimientos que marcan el resto de nuestras vidas: Sonia, mi prima, y yo, que mantenemos una relación que podríamos definir como algo más que amistosa, habíamos concertado una cita con un conocido médium para que nos ayudara a organizar una sesión de espiritismo.

 

Yo nunca he creído en esas cosas, y supongo que tampoco Sonia. Más bien se trataba de un juego, de una experiencia que abordábamos con un prudente escepticismo y nos causaba más risa que respeto, aunque ya saben ustedes que, cuando tratamos con la muerte, solemos mantener una reserva discreta, una especie de recóndito temor que tratamos de ocultarnos.

 

A la hora acordada, a media noche, llegamos al siniestro caserón que la ciudad, en su crecer imparable, había terminado por engullir, y que se mantenía cómo una lúgubre presencia inexplicable en medio del maremagnum de los grandes bloques de un barrio residencial cercano al centro. Encontramos entreabierta la cancela del jardín semiabandonado, y lo atravesamos sin poder evitar un estremecimiento ante las siluetas fantasmales de los árboles deshojados. Recuerdo cómo si lo estuviera viendo el respingo de Sonia cuando una rama colgando del emparrado bajo cuyo cobijo se alcanzaba la entrada principal rozó su pelo.

 

Por fin alcanzamos la gran puerta de madera finamente labrada y adornada con vidrieras de colores de motivos vegetales. A su través se traslucía la luz tenue del interior de la casa. Nos miramos a los ojos tratando de reunir el ánimo preciso para llamar y finalmente fui yo quién alzó la aldaba, y golpeé con ella la madera produciendo un ruido sordo y seco.

 

     - ¿Dios mío, es tétrico! –murmuró Sonia con un hilo de voz-.

     - ¡Shhhh! Calla, que nos van a oír.

 

Transcurrieron unos segundos antes de que nos abrieran, que nos parecieron una eternidad, hasta que escuchamos un ruido de cerrojos y el chirrido que anunciaba la presencia de una mujeruca menuda y delgada en el umbral mirándonos con la expresión ausente de quién atiende a una molestia pequeña pero inevitable.

 

-         Doña Sonia y Doña Carla, supongo –no esperó nuestra respuesta- El Maestro las espera.

-        ......

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