Totem, tabú, eufemismo y Salsa Rosa
Publicado en Reflexiones el 7 de Diciembre, 2006, 12:55 por Yo Soletina|
Con este cuentecillo termina la serie de relatos que en su día publiqué en "Todo relatos" y que, por razones que no vienen al caso, decidí retirar hace tiempo. El dibujo que lo ilustra, que no tiene nada que ver con el motivo del artículo (esta vez no es cuentecillo) pertenece a la extraordinaria colección de Jean Pierre Ceytaire, uno más de los excelentes artistas que pueden descubrirse visitando la magnífica recopilación que no deja de crecer en "Fashion Blog". Podréis comprobar que tanto los personajes que protagonizan el texto, como el mismo nombre del programa al que, solo por poner un ejemplo, se alude, están un poco desfasados, pero eso: los nombres de los protagonistas, y el título del programa, son la única cosa que ha cambiado desde el día en que se escribieron estas líneas, y no creo que merezca la pena perder el tiempo corrigiéndolo (por no mencionar que habría que ver alguno de esos programas, y no estoy por la labor.
Vivimos tiempos difíciles para la inteligencia. La teoría de lo Esta fiebre eufemística tan divertida resulta muy interesante si la analizamos siquiera someramente, más por lo que descubre que por lo que oculta, pues pone de manifiesto que quienes buscan un giro que les libere, por ejemplo, de llamar negro a quién lo es, en su fuero interno están considerando que la negritud del individuo en cuestión es un defecto del que conviene descargarle, o al menos tener la cortesía de no recordarle su condición. En cierta medida me recuerdan a cuando mi abuelita, en su ignorancia inocente y bondadosa, nos hablaba de "los negritos de África, pobrecitos". Bueno, pues esta suerte de papanatismo contemporáneo tiene su traslado a revistas y programas de televisión perfectamente indecentes, y de gran éxito de audiencia, donde nos dedicamos a contemplar las vidas de la escoria de nuestras sociedades, pero teniendo la precaución de evitar la mención abierta de las brillantes características y hazañas de los individuos en cuestión. Y aquí tenemos, junto con nuestros tabúes y sus correspondientes eufemismos, a nuestros tótemes actuales. Entronizamos, fundamentalmente, las características relacionadas con el sexo de una cuadrilla de parásitos cuya misión en la vida consiste en follar mucho, o parecerlo, y ser capaces de contárselo, sin contárselo, a una colección de periodistas que, sin serlo, les preguntan acerca de ello, sin preguntárselo. Y, cómo resultado, terminamos entronizando, sin mencionarlos, los gloriosos atributos genitales de, por poner un ejemplo, un atlético subnormal cubano (y conste que lo de cubano lo pongo por identificarle, que inútiles los hay de todas las nacionalidades), las dotes para la chulería de un exguardia civil ladrón convicto y condenado (español ;), o la capacidad de trasegarse futbolistas del Madrid de una chavalita cuyo nombre no recuerdo, pero que tiene al parecer una extraordinaria alegría pélvica que le permite ganarse la vida de una manera más honrada que robar, e igual de útil a la sociedad. |
políticamente correcto nos coloca en una situación incierta en la que, ignoro por qué razón, determinados conceptos se transforman en tabú y su enumeración directa se convierte en una anomalía, viéndonos en la obligación de buscar complicadas figuras retóricas para referirnos a ellos sin nombrarlos, eufemismos exagerados. Así, los ciegos dejaron de ser ciegos, y pasaron a llamarse personas con deficiencia visual; los negros se convirtieron en personas de color; la invasión de una nación guerra preventiva; y pronto, los rellenitos, terminaran por exigir que se les llame personas de amplio perímetro abdominal.