Hentai (Preámbulo)
Publicado en Cuentecillos el 17 de Diciembre, 2006, 2:51 por Yo Soletina|
Dieciocho años enseñando le habían enseñado que nadie acude nunca a las tutorías: los padres, por alguna razón incomprensible, acostumbran a buscar a los profesores de sus hijos, las pocas veces que lo hacen, entre clase y clase, cuando no hay tiempo para atenderles, y terminan indignados cuando la profesora se marcha a cumplir con sus obligaciones dejándoles con la palabra en la boca, pero nunca acuden a las tutorías, cuando una tiene tiempo para escucharles.
Los alumnos, por su parte, acostumbran a huir de sus profesores, más que a buscar su consejo, y solo se dirigen a ellos cuando, a final de curso, los problemas ya no tienen solución, para pedir un aprobado imposible.
De manera que solía aprovechar aquellas dos horas inacabables corrigiendo ejercicios, o exámenes, tratando de quitarse de encima las tareas tediosas que, de otro modo, terminarían ocupando en casa las horas libres y serían al final tiempo robado a su familia.
Nada hacía pensar que aquel día fuera a suceder nada trascendente: un par de horas leyendo una vez tras otra las torpes respuestas de un examen, contando obviedades, y señalando en rojo desatinos para terminar colocando al final de cada examen un número que apenas significaría nada.
Serían las cinco y media cuando unos golpes tímidos en la puerta resonaron en el aula vacía de techos enormes y apareció la carita de María sonriendo al entreabrirse:
- ¿Se puede? - Claro, María, pasa.
- ¿Qué te trae por aquí?
La niña sonrió, se puso a rebuscar en la mochila cruzada donde solía cargar sus libros entre una barahúnda de fotos, libretas atiborradas de notas en su letrita redonda y correcta, y quién sabe cuantas cosas más, y extrajo con una sonrisa triunfante un CD que exhibió ante la profesora.
- Quería que viera esto. - ¿Qué es? – preguntó Doña Carmen mientras introducía el disco de manera mecánica en el lector de su PC-. - Véalo… |
Cada miércoles por la tarde, entre las cuatro y las seis, Doña Carmen permanecía en su despacho esperando en vano que alguno de sus alumnos, o alguno de los padres de sus alumnos, quisiera acercarse por allí a consultarle algún problema.
María era una muchacha extraña: callada y tímida, apenas se relacionaba con sus compañeros. Vestía de un modo exageradamente moderno, con esas camisetas cortas que ofrecían la visión de su vientre liso, los pantalones enormes con los bajos rotos de pisárselos con esos zapatones tremendos de suelas inmensas y llenos de hebillas, y el sempiterno elástico del tanga asomando por encima de la cinturilla del pantalón caído hasta la mitad de la cadera. Pulseras, pañuelos atados a las muñecas, cazadoras,… los más peregrinos adornos completaban, junto con las gafas redondeadas y grandes y la media melena con flequillo, morena y lacia, su imagen cuidada de muñequita hentai de dieciséis años.
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