Febrero del 2007


Mujeres de verdad

Publicado en Solo Imágenes el 25 de Febrero, 2007, 1:38 por Yo Soletina

No conozco al autor, pero me maravilla el delicioso trato que sabe dar a las imágenes de mujeres auténticas, maduras, reales, abundantes... Supongo que en este momento de mi vida me gusta ver reivindicada la imagen de la gente que es como yo.

Un regalo después de un prolongado, aunque involuntario, período de abandono.

Hentai 4

Publicado en Cuentecillos el 24 de Febrero, 2007, 1:40 por Yo Soletina

Cuando desperté debían ser más de las doce del mediodía. Me sentía confusa, decaída, como solo puede sentirse una después de haber bebido más de lo que conviene.  La luz que se colaba entre las rendijas de la persiana dibujaba en el aire líneas brillantes de polvo de estrellas.

Quise quedarme dormida, evitar recordar, y se me llenó la cabeza de imágenes de la noche anterior. Me recordé sentada en el retrete, bebiendo en las pollas de Pablo, de David, de aquellos otros dos muchachos cuyos nombres no debí siquiera llegar a escuchar, dejándome follar ansiosa, borracha, víctima de aquella extraña sensación de verme violentada y enloquecida, cómo si el hecho de ser violada bajo amenaza, al escapar de mi voluntad, me eximiera de responsabilidad en el suceso, y me permitiera practicar el sexo de un modo que, por involuntario, eludía la culpa.

Quise sentirme asqueada por lo sucedido. De un modo automático, aprendido, traté de imponerme la vergüenza. Y, sin embargo, al recordar el relieve rugoso de aquellas pollas que me resultaba imposible asociar con una cara, el deslizarse de la piel sobre la carne dura y venosa, me sentí excitada cómo no recordaba. Me encontré acariciándome, rememorando el modo en que aquellos cabrones me jodían  humillándome, insultándome; el modo en que me obligaban a mamársela y se corrían en mi boca, en mi coño. Me froté ansiosa, me follé con los dedos sintiendo todavía en la boca el gusto del esperma insulso manando a borbotones de las pollas que latían como pequeños corazones cilíndricos. Me corrí recordando el miedo informe y excitante, la extraña sensación de ser follada contra mi voluntad, o, quizás, contra la que hubiera querido que fuera mi voluntad, pues al menos eso me hubiera permitido mantener la dignidad de víctima que la excitación del momento, y la que sentía entonces, horas después, recordándolo, desmentía.

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