Hentai 5
Publicado en Cuentecillos el 1 de Abril, 2007, 18:55 por Yo Soletina|
María entró en casa y atravesó a la carrera el pasillo hasta el salón. Cuando, tras cerrar la puerta, la seguí hasta allí, la encontré arrodillada metiendo un DVD en el vídeo y manejando nerviosamente los botones del mando a distancia mientras en la pantalla del televisor se dibujaba la pantalla azul y neutra del explorador. Consiguió, y me sorprendió una vez más la facilidad con que los chiquillos manejaban los aparatos electrónicos, lo que yo nunca había conseguido, y dos archivos de vídeo se iniciaron al tiempo en dos esquinas opuestas de la pantalla. Reconocí el sitio: el aula de informática del instituto. Frente a mis ojos, a cámara rápida, transcurrían los momentos angustiosos de la tarde anterior: en una esquina María chupaba las pollas de aquellos dos canallas; en la opuesta, yo miraba la escena con una inquietud creciente. De repente detuvo el avance rápido. Los dos videos parecían sincronizados: en el primero María era follada salvajemente por Pablo mientras manipulaba la polla de David retorciéndose. El audio no era muy bueno, pero podía escuchársela gemir; en el otro, yo misma, de pie y apoyada en la pared, temblaba acariciándome con la mirada clavada en el punto donde se supone que estaban ellos. Tenía la falda remangada y podía apreciarse cómo mi mano escarbaba bajo la braga. Gimoteaba con los ojos entornados mientras me corría con la imagen de la niña violada en la retina. - Eres una puta. Pues te vas a hartar, zorra. Voy a hacer que me joda el mundo entero. Follaré con el conserje, con todos los profesores, con los chicos del Instituto. Follaré con ellos y te traeré vídeos para que puedas disfrutar tocándote como una zorra viéndolos. De repente me desmoroné. Me dejé caer en el sofá exánime, llorando de vergüenza y de miedo. La había perdido. Ya no podría volver a mirarle a la cara. Apenas pude entrever cómo salía de la sala entre lágrimas para volver al momento, después de escucharse el sonido de la puerta al abrirse y cerrarse rápidamente, en compañía de Javi, el muchacho alto y callado que solía sentarse detrás de ella en clase. - Ahora vas a disfrutar, puta. Sin darme ni un segundo para reaccionar comenzó a besarle los labios. Lo hacía de un modo lascivo, desvergonzado: le mordía, jugaba a succionarle la lengua, a perseguirla introduciendo la suya en su boca mientras su mano acariciaba frente a mis ojos el bulto inocultable que se había formado bajo la tela de su pantalón vaquero. - ¿Te gusta? ¿Esto es lo que te gusta? Sus dedos peleaban con la cremallera, se introducían en ella y pugnaban por hacer salir el sexo del chaval que, de tan duro, dificultaba la maniobra. Cuando por fin lo consiguió, sin dejar de besarle como si quisiera extraerle la vida por la boca, lo envolvió amorosamente en la mano y comenzó a deslizarla lentamente. Estaban muy cerca de mi. Podía oler el deseo del muchacho, que me miraba con los ojos muy abiertos, sorprendido y asustado, pero incapaz de resistirse a las caricias de María. - ¡No se te ocurra tocarte!
Ni siquiera me había dado cuenta de que comenzaba a acariciarme por encima de la braga. La visión de los chiquillos en esa tesitura me resultaba irresistiblemente excitante. Apenas hubiera necesitado adelantar un palmo la cabeza para poder besar la polla azulada de Javi. Deseaba hacerlo. |
- Eres una puta.
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