Reflexiones


Totem, tabú, eufemismo y Salsa Rosa

Publicado en Reflexiones el 7 de Diciembre, 2006, 12:55 por Yo Soletina

Con este cuentecillo termina la serie de relatos que en su día publiqué en "Todo relatos" y que, por razones que no vienen al caso, decidí retirar hace tiempo.

El dibujo que lo ilustra, que no tiene nada que ver con el motivo del artículo (esta vez no es cuentecillo) pertenece a la extraordinaria colección de Jean Pierre Ceytaire, uno más de los excelentes artistas que pueden descubrirse visitando la magnífica recopilación que no deja de crecer en "Fashion Blog".

Podréis comprobar que tanto los personajes que protagonizan el texto, como el mismo nombre del programa al que, solo por poner un ejemplo, se alude, están un poco desfasados, pero eso: los nombres de los protagonistas, y el título del programa, son la única cosa que ha cambiado desde el día en que se escribieron estas líneas, y no creo que merezca la pena perder el tiempo corrigiéndolo (por no mencionar que habría que ver alguno de esos programas, y no estoy por la labor.


Vivimos tiempos difíciles para la inteligencia. La teoría de lo políticamente correcto nos coloca en una situación incierta en la que, ignoro por qué razón, determinados conceptos se transforman en tabú y su enumeración directa se convierte en una anomalía, viéndonos en la obligación de buscar complicadas figuras retóricas para referirnos a ellos sin nombrarlos, eufemismos exagerados. Así, los ciegos dejaron de ser ciegos, y pasaron a llamarse personas con deficiencia visual; los negros se convirtieron en personas de color; la invasión de una nación guerra preventiva; y pronto, los rellenitos, terminaran por exigir que se les llame personas de amplio perímetro abdominal.

Esta fiebre eufemística tan divertida resulta muy interesante si la analizamos siquiera someramente, más por lo que descubre que por lo que oculta, pues pone de manifiesto que quienes buscan un giro que les libere, por ejemplo, de llamar negro a quién lo es, en su fuero interno están considerando que la negritud del individuo en cuestión es un defecto del que conviene descargarle, o al menos tener la cortesía de no recordarle su condición. En cierta medida me recuerdan a cuando mi abuelita, en su ignorancia inocente y bondadosa, nos hablaba de "los negritos de África, pobrecitos".

Bueno, pues esta suerte de papanatismo contemporáneo tiene su traslado a revistas y programas de televisión perfectamente indecentes, y de gran éxito de audiencia, donde nos dedicamos a contemplar las vidas de la escoria de nuestras sociedades, pero teniendo la precaución de evitar la mención abierta de las brillantes características y hazañas de los individuos en cuestión.

Y aquí tenemos, junto con nuestros tabúes y sus correspondientes eufemismos, a nuestros tótemes actuales. Entronizamos, fundamentalmente, las características relacionadas con el sexo de una cuadrilla de parásitos cuya misión en la vida consiste en follar mucho, o parecerlo, y ser capaces de contárselo, sin contárselo, a una colección de periodistas que, sin serlo, les preguntan acerca de ello, sin preguntárselo. Y, cómo resultado, terminamos entronizando, sin mencionarlos, los gloriosos atributos genitales de, por poner un ejemplo, un atlético subnormal cubano (y conste que lo de cubano lo pongo por identificarle, que inútiles los hay de todas las nacionalidades), las dotes para la chulería de un exguardia civil ladrón convicto y condenado (español ;), o la capacidad de trasegarse futbolistas del Madrid de una chavalita cuyo nombre no recuerdo, pero que tiene al parecer una extraordinaria alegría pélvica que le permite ganarse la vida de una manera más honrada que robar, e igual de útil a la sociedad.

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Dibus y Hentai

Publicado en Reflexiones el 14 de Septiembre, 2006, 19:10 por Yo Soletina

Ya no recuerdo cuanto tiempo hace que comencé a coleccionar dibus. Todo empezó con una colección de pin-up´s elegantes y coquetas, a la que siguió, medio en broma, medio en serio, una pequeña recopilación de parodias de dibujos animados de los Simpsons, de Futurama, etc...

Durante mucho tiempo dejé de lado el Hentai. Por alguna razón me parecían fríos, sin calidad ni gracia, hasta que comencé a profundizar un poco más, a seguir enlaces mejores, a contactar con redes más especializadas... Resulta complicado rebuscar, por que la mayor parte de lo que se encuentra, al menos al principio, merece poco la pena, pero, a medida que se va ahondando un poco más, se descubre el filón enorme de calidad que se oculta bajo la retahila interminable de géneros y subgéneros (Shotakon, Futanari, Yahoi,...) El mundo de la ilustración erótica japonesa (o filojaponesa, que de todo hay) es un pozo sin fondo donde poder indagar en lo más profundo de nuestras perversiones sin renunciar a una forma de erotismo compleja, con frecuencia patológica, enfermiza, y, sin embargo, delicada como solo en Oriente puede entenderse la delicadeza estética.

Desde el sadismo más complejo, más elaborado, hasta la simpleza de la línea argumental de los Doujins, el arte Hentai nos ofrece todas las formas posibles del sexo explícito o sublimado: preciosidades neogóticas de una calidad técnica impresionante, con un un cuidado exquisito del detalle, o formas de líneas apenas esbozadas donde puede percibirse la visión genial de quién resulta capaz de sintetizar en apenas unas pinceladas la esencia de un gesto, o la sutil plasmación de un movimiento.

No aspiro a comprender solo desde el grafismo la esencia del pensamiento de un pueblo de cultura tan distante de la nuestra, ni estoy segura de que me interese, pero quizás si puedan atisbarse a su través los bosquejos de un modo diferente de entender el arte y la estética.

Y todo esto para contaros que he andado dándole vueltas al asunto, rebuscando un poco en mis colecciones mientras las ordenaba, y he seleccionado una carpeta con algunos dibus de calidad exquisita, y que son los que a partir de ahora, pienso ir colgando en el SexLog, al menos hasta que me apetezca otra cosa.

Y, cómo muestra, ahí os dejo estas dos preciosidades.

NO ME DIRÉIS QUE NO SON DOS OBRAS DE ARTE EN TODA REGLA???

100.696

Publicado en Reflexiones el 15 de Abril, 2006, 23:35 por Yo Soletina

100.696 Visitas!!!!!!!!!!!!

A veces me olvido de entrar, y paso temporadas enormes sin poner ni una letra volandera (que diría Don Camilo) y, de pronto, cuando recuerdo que tengo por aquí este rincón, me sorprendo al encontrar que seguisteis entrando a verlo.

Y hoy estoy MUY CONTENTA, por que lo hicisteis más de cien mil veces... 100.696... Impresionante.

Gracias a tod@s por asomaros, y especialmente a quienes ultimamente dejaron sus comentarios tan halagüeños (Cubano, Javier, Conde Draco, y Chin) y hasta al sicópata de Pablo Sosa, que no pudo soportar una foto tan sugerente... ¿Por qué habrá a quién tanto molesta la visión de la gente normal?

Así que me prometo volver a tomármelo en serio, aunque sea por unos días, hasta que algún otro afán me distraiga, y poner alguna cosa... Quien sabe... Ya veremos.

Cuatro maneras de mirar al trigo

Publicado en Reflexiones el 15 de Septiembre, 2005, 19:30 por Yo Soletina

Al sol de mediodía nos desvela el brillo metálico dorado de las espigas quietas; nos habla de calor, de indolencia, imprescindible ante la dureza inmisericorde del sol abrasador, y responde abatiéndose, agachando las cabecillas de amarillo pálido, doblegándose bajo el influjo de una fuerza superior con el aire lánguido de las doncellas sumisas. Nos invita a la pereza, al dejarse adormecer entre sueños inquietos estivales, al durmevela sordo (siesta canicular imposible de sudor y de esparto en la garganta, y el deseo inexplicable de yacer, quizás por conseguir humedecernos y sentir acariciándonos al aire que nos seca).

Al sol transversal de atardecer se suaviza, se matizan los colores y aparece, bajo la capa exterior de amarillo inevitable, una especie de aura anaranjada. La brisa lo abate levemente, se dibuja sobre la superficie informe, y podemos comprender la misma forma del viento, intuyendo al mismo tiempo el cimbreo sensual de la miriada de cañas que se vencen, se levantan, y vuelven a vencerse una tras otra siguiéndose con cada nuevo resoplar, dibujando ondas de trigo y de viento que juegan a burlar la quietud ancestral, la ancestral pereza de la tierra roja, agrietada, que se mueve apenas según pautas temporales extrahumanas.

Al comenzar la tormenta, cuando el sol lo ilumina todavía y el cielo al fondo se oscurece, y bajo la gran nube pálida algodonosa comienza a divinarse el gris plomizo, amenazante, las ráfagas de viento violentas y caprichosas parecen empeñadas en romperlo todo, en arrastralo todo al interior de la tempestad, que las succiona insaciable y responde a su tributo con un crujido de siglos de rabia contenida; el trigo se estremece, tiembla, parece querer desarraigarse para huir, crepita esperando.

¡Vaya! Y ahora quiero pan con queso: un pan espeso de hogaza, denso y tostado, con aroma de tahona, de leña y de trasnoche, y un trozo grande y grueso de queso fuerte de oveja.

Un fatuo aire de desdén

Publicado en Reflexiones el 21 de Agosto, 2005, 1:44 por Yo Soletina

Dotarse de un cierto aire intelectual es relativamente sencillo. No hace falta saber gran cosa. La receta, que permite ejecutarse con ligeras variaciones, vendría a ser así:

1º         Unas cuantas lecturas (no demasiadas). Son mejores los manuales que las obras originales, por que nos permitirán opinar sobre multitud de ellas sin necesidad de dedicarle el tiempo que precisaría una base cultural sólida. Al fin y al cabo ¿Quiénes van a ser nuestros interlocutores?

2º        Un par de docenas de citas bien seleccionadas, preferiblemente con un toquecito contracultural (que viste mucho) pueden ayudarnos a aderezar nuestras opiniones y dotarlas de credibilidad. Sería bueno que estudiáramos alguna nueva de cuando en cuando, especialmente si nos movemos en círculos reducidos.

3º         Un fatuo aire de desdén. No debe avergonzarnos opinar acerca de aquellos cuyas obras (véase el punto 1º) prescindimos de leer, y debemos hacerlo siempre con cierta displicencia: queda mejor quién desprecia que quién crea cualquier cosa (no importa si es arte, pensamiento, ciencia, o lo que sea).

    Un círculo reducido de personas con nuestras mismas pretensiones, cuya inteligencia adularemos en su presencia (mientras que en ausencia aplicaremos el principio del punto 3º) y, siempre que sea posible, un coro de lechuguinos a quienes epatar con la osadía de nuestras afirmaciones.

5º         Una serie de opiniones categóricas que no admitan discusión. No hace falta que sean muy complejas, pero deben ser enunciadas, por muy simples que resulten (no olvidemos que renunciamos al estudio por mor de conseguir una mejor apariencia) con gran autoridad y el aire solemne con que se enumeran las grandes verdades existenciales.

6º         Una afición desmedida por el Jazz. Siguiendo con la regla general, despreciaremos a los grandes mitos legendarios, y memorizaremos una serie de nombres sonoros. Propongo a Chic Corea, Telonius Monk, Stan Getz, y Stephan Grapelli cómo mínimo, aunque habrá que complementarlos con algo más al gusto; podríamos incluir a Keit Jarret, aunque hay que tener en cuenta que será preciso poner cara de pasión al escucharlo, y en este caso podría costarnos un disgusto, por no mencionar lo difícil que resulta acompañarle chasqueando los dedos (no olvidéis mover levemente los hombros al mismo tiempo).

Con solo eso, el ingenio aguzado para salir al paso con respuestas generales cuando se nos planteen cuestiones que no comprendamos, y la habilidad precisa para no entablar discusiones con quienes pudieran ponernos en apuros (ya les aplicaremos el punto 3º cuando no estén presentes) podemos conseguir una apariencia de inteligencia que probablemente será más que suficiente para adquirir fama de intelectuales (incluso eruditos si en lugar de dos docenas de citas nos esforzamos por recordar cuatro). Así, nuestro desprecio hacia quienes desperdiciaron su tiempo aprendiendo realmente, estará justificado: es estúpido el esfuerzo de aprender cuando se puede conseguir la misma apariencia con solo aplicar un poco de estilo a nuestra vida.

Al fin y al cabo ¿Quién paga por caoba cuando la madera de pino bien teñida y barnizada pude producir casi el mismo efecto? Solo hay que tener cuidado de que nadie que pudiera reconocerla se acerque nunca a ella lo suficiente.

Epílogo: no vayamos a olvidar despreciar la pornografía, la literatura fantástica y la música ska: si la cultura pareciera accesible perderíamos nuestro misterioso encanto.

¿Por qué escribo?

Publicado en Reflexiones el 30 de Julio, 2005, 1:39 por Yo Soletina

Básicamente por que me excita. Lo conté hace tiempo en un cuentecillo un poco exagerado, o quizás no, que  titulé "Soletina es una zorra", que puede encontrarse junto al resto de mis relatos en la web de "Todo Relatos" .

En realidad es sencillo, cualquiera que haya dedicado un rato a escribir una fantasía erótica o, cómo es el caso de las que yo suelo escribir, abiertamente pornográfica, lo comprenderá enseguida: solo por el hecho mismo de tomarse el tiempo necesario para plasmarla "negro sobre blanco", habrá experimentado la enorme excitación, la ansiedad que produce sentir cómo las ideas van tomando vida propia y transformándose en palabras.

Soletina, mi alter ego, se permite vivir una vida virtual, compuesta tan solo de ideas y palabras; me permite experimentar todas aquellas experiencias que realmente no deseo, y que solo vivo en el papel sin inhibición ninguna.

Hace años me preguntaba si en realidad esa vida de desenfreno sexual era realmente la que deseaba, y me encontraba por tanto inmersa en un mundo de represiones que me impedía realizarme. Después de darle vueltas pude concluir que no. No la deseo. La verdad es que vivo cómodamente una existencia muelle, dedicándome a un trabajo que en buena medida me gusta, manteniendo una relación social convencional y discreta. Y es la vida que quiero vivir.

Lo otro, los cuentos de Soletina, me gustan cómo cuentos. Me sirven para excitarme, para evadirme cuando deseo escapar por unas horas de esta cotidianeidad tan cómoda, y me excitan: primero cuando siento la tensión de escribirlos; cuando permito fluir a las palabras sin el menor recato y me siento humedecer al deslizarlas lentamente sobre este papel tan virtual cómo mi propio fantasear; después, cuando pienso que en cualquier lugar del mundo, es muy probable que alguién esté leyéndolos, excitándose con ellos; adoro pensar que podría suceder que ahora, a cientos, quizás miles de kilómetros, una o varias personas estén acariciándose leyendo el cuento que yo escribí, el mismo que seguramente me llevó a acariciarme mientras lo hacía.

Esa segunda parte, la excitación de los demás, me fascina. Mis cuentos han sido vistos más de ciento doce mil veces. Me pregunto cuantos de esos posibles lectores los han leído con sus pollas en la mano, deslizándolas unos despacio, otros deprisa, ansiosamente, y han dedicado sus poluciones solitarias a personajes que en cierto modo no son si no facetas más o menos ocultas de mí misma. Casi es cómo si yo misma hubiese manipulado sus sexos, cómo si hubieran derramado su esperma sobre mis pensamientos, cómo si hubieran cubierto mi imaginación de toneladas de esperma denso y templado.

La misma sencilla idea, me causa en este rato que dedico a repensarla un estado delicioso de ansiedad que se bien cómo terminará: conmigo misma acariciándome en honor de mis lectores, cerrando de ese modo un círculo vicioso, o virtuoso, que comienza en mis deseos secretos, recorre el mundo entero, y termina de nuevo en mis deseos. Un círculo de gemidos y discretos orgasmos solitarios que me parece exquisito.

Esta tarde estuve escribiendo en el que seguramente será mi próximo cuentecillo. Todavía no se cómo va a llamarse; los personajes ni siquiera están desnudos; y la mera anticipación de lo que vendrá, ya sirve para causarme ese rebullir de sangre que me encanta.

Europa: nuestra libertad en peligro (fuera de contexto)

Publicado en Reflexiones el 25 de Julio, 2005, 19:37 por Yo Soletina

Completamente fuera de contexto, lo se. Incluso supongo que resultará decepcionante para muchos de quienes nos visitan encontrar aquí este comentario, pero no sería consecuente si no utilizo los medios de que dispongo para difundir lo que tanto me preocupa.

Nuestro sistema de libertades peligra: quién decida visitar Gran Bretaña debe saber que parece haber allí un grupo reducido, pero peligroso, de terroristas integristas islámicos dispuestos a atentar contra su vida. Y debe saber también, que la policía de aquel país ha recibido orden de su gobierno de ejecutar sumariamente en la calle a los sospechosos de terrorismo.

De modo que, si es Usted moreno, o tiene barba, o procede de un país cuyo clima pueda inducirle a abrigarse más de lo que un policía inglés considere razonable, debe evitar visitarlo, puesto que se encuentra en la lista de aquellos a quienes el gobierno británico ha ordenado abatir mediante disparos en la cabeza, dado que en cualquier otro lugar del cuerpo no se evitaría el peligro de que hiciera estallar la presumible bomba que aloja usted en su cuerpo.

A esto hay que sumar la práctica ya generalizada de la violación sistemática del secreto de las comunicaciones: cualquier policía europea ha adquirido el derecho de interceptar sus llamadas de teléfono móvil, su correo electrónico, o cualquier otra forma de comunicación.

Hasta hace poco, la idea de que el gobierno de los Estados Unidos pudiera vulnerar impunemente los derechos humanos en Guantánamo o Abu Graib en aras de la seguridad (que nunca ha sido tan incierta cómo desde entonces) resultaba insoportable. Ahora le toca a Europa subirse al carro del recorte de los derechos de sus ciudadanos.

De repente, nuestro continente, que fue bastión de la libertad, empieza a convertirse en una dictadura con elecciones. Nuestro sistema de libertades está siendo sacrificado a una supuesta mejora en nuestra seguridad que, no nos engañemos, no se logrará mediante el recorte de nuestras garantías y derechos. Incluso, aunque se lograra, el precio pagado resultaría intolerable.

Definitivamente, los terroristas que tienen por objetivo imponernos la quiebra de nuestro sistema lo están consiguiendo, y los gobiernos europeos, encabezados por el que preside Tony Blair, se han constituido en sus cómplices.

Falo

Publicado en Reflexiones el 15 de Julio, 2005, 0:43 por Yo Soletina

Falo, polla, pene, rabo, miembro, pija, cipote, verga, vergajo, cimbel, carajo, badajo, picha, tranca, chorra, horma...

Mil formas de llamar a un solo objeto de culto:

Los hombres lo adoran. Personalizan su hombría misma en ese escueto apéndice; lo exhiben imaginariamente cómo arma que debe permitirles ocupar su lugar en un universo imaginario donde quién no merece consideración en lo que dice es que "les va a comer la polla", o cuando una mujer les resulta apetecible, o, por el contrario, les molesta sin que tengan el poder de imponerle su opinión, es que "a esa le daba yo un buen pollazo". La polla parece ser el arma, la panacea, la solución a los problemas, el símbolo de la honra y el rebelde amigo a quién hay que saciar a toda costa o, por lo menos, aparentar que se le sacia o que se tiene un deseo terrible de hacerlo siempre y en cualquier circunstancia.

Se trata sin duda de un atavismo, un residuo ancestral que heredamos del tiempo en que la progenie garantizaba el bienestar en la vejez, la supervivencia de la tribu, pero es un hecho cierto que se mantiene constituyendo aún hoy un rasgo esencial, con mayor o menor intensidad, de cualquier cultura viva, y podemos observarlo en fiestas orientales donde se le rinde culto explícito, en nuestras conversaciones cotidianas, o en el arte, sin necesidad de recurrir a las abundantes alusiones simbólicas más o menos indirectas que encontramos en casi cualquier festividad.

La pregunta subsiguiente, o una de ellas, no voy a arrogarme ahora el poder de decidirlo, es ¿y eso es malo?

Supongo que, cómo cualquier atavismo, es malo, bueno o indiferente dependiendo de la importancia real que le concedamos en nuestras decisiones, de la intensidad con que condicione nuestras opiniones, nuestras decisiones, o nuestra percepción de la realidad.

A mi me gusta. La adoración al falo constituye una parte esencial de mi sexualidad. El falo es la parte fundamental de mi deseo, de mi imaginario; adoro verlo, tocarlo, chuparlo, sentir que se desliza dentro, que bombea en mi interior latiendo. Cuando me siento observada en el trabajo, o en las cañas, especialmente durante el verano, cuando el calor permite mostrar más piel, y más brillante, si no estoy agobiada por alguna otra preocupación, procuro sin excesos resultar más atractiva, y disfruto ojeando de refilón la inflamación que causa mi forma de vestir, de moverme, o la naturalidad con que dejo que se dibujen mis formas bajo el vestido. Me excita intuirlo, y mucho más constatarlo cuando se manifiesta en el abultamiento disimulado bajo el pantalón de un compañero de trabajo o del circunstancial vecino en la barra de un bar. Creo que se manifiesta casi en cualquier cuentecillo de los que he escrito hasta ahora, aunque quizás sea en "Sin preámbulos" donde con mayor claridad pueda apreciarse.

Sin embargo, define tan solo mi rol sexual cuando lo deseo, no me lleva a profesar un respeto reverencial hacia cualquiera que ostente una polla en mi presencia, no define mi posición en las relaciones laborales, ni en mi matrimonio. Es mi atavismo, y lo asumo cómo parte de mi ser, probablemente cómo resultado de la cultura en cuyo seno me he formado, eso no me importa, pero nunca he permitido que mi "fijación fálica" influya en mis decisiones, ni he consentido, cuando estaba en condiciones de impedirlo, que la de nadie trascienda en decisiones que me afectan, o que puedan afectar a cualquier otro u otra. No es, por tanto, malo para mi, al menos en cuanto depende de mi. La padezco (prefiero pensar que gozo de ella) pero mi "falofilia" no me causa daño alguno.

También se que no siempre es así: he conocido a hombres que me despreciaban por el mero hecho de no tenerlo, y a mujeres que parecían asumir que su carencia les colocaba en una situación de inferioridad respecto a otros. Es evidente que nuestras sociedades aún padecen consecuencias negativas de su adoración mitológica hacia un mínimo apéndice, y una lástima pensar que herramienta tan útil y capaz de proporcionar satisfacción pueda convertirse en un arma de nefastas consecuencias, en una enfermedad mental, o en el lastre terrible que mujeres y hombres de todo el mundo arrastran impidiéndoles desarrollar sus vidas y sus relaciones con normalidad, pero, al fin y al cabo, eso mismo sucede con los cuchillos, los destornilladores o las hachas: son prácticos y buenos cuando no se utilizan para el mal.

Sed buenos, chicos.

Esperma

Publicado en Reflexiones el 12 de Julio, 2005, 20:14 por Yo Soletina

A muchas de vosotras, lo se, os desagrada. Al menos se que desagrada a muchas de mis amigas. Sin embargo a mi...

No es que me guste cómo sabe. Es insípido, no resulta un manjar, desde luego. Más bien se trata de lo que significa.

A mi me gusta ser deseada. Claro, cómo a ti, ya imagino. Pero en mi caso, creo que es la razón por la que me gusta el esperma.

Verás: con frecuencia renuncio a ser penetrada. Incluso renuncio a ser acariciada a cambio del placer de sentirme una diosa.

Acaricio arrodillada entre sus piernas su polla que, con poco, adquiere la consistencia que adoro, que me indica que despierto su deseo. No quiero que me toque; no quiero que haga nada. Solo que me desee, que se rinda.

La recorro despacio con los dedos, rozándola tan solo. Mirándole a los ojos. La sujeto y dejo que se deslice entre los dedos y la palma empuñándola. Sabe que no podrá hacer nada más que gozar pacientemente de mis atenciones ciñéndose al ritmo que imponga mi capricho.

Me gusta. Es poder.

Acerco mis labios a ella mirándole a los ojos. Me retiro sin tocarla. Hace un aspaviento de sorpresa. Imploraría si no supiera que terminaré haciéndolo. Me acerco de nuevo y esta vez si: la siento entre los labios. Está dura, muy dura. Sobre la piel suave comienzan a dibujarse las venas. La humedezco; la recorro lentamente con mi lengua; la trago hasta que no puedo vencer la nausea y necesito retirarla; giro mi cabeza en torno a ella envolviendo el extremo con la lengua...

Le miro a los ojos. Respira agitadamente. Siento el deseo de sentarme encima, de clavármela, y me contengo. Quiero dominar la situación. En su lugar me acaricio, o busco donde sentarme, donde frotarme. Me da igual: un cojín, su tobillo; ni propia pierna arrodillada...

Está empapada. La recorro con la mano dejando que resbale suabemente, alternando la presión con la caricia apenas insinuada; vuelvo a veces a ponérmela en la boca, a metérmela en la boca mirándole a los ojos con mi mejor gesto de zorra ansiosa de su polla; o de muñeca inocente.

Está más dura cada vez. Las venas dibujan un relieve marmóreo. Siento su angustia cuando ralentizo el ritmo. La succiono. envuelvo la punta con mi lengua presionándola y la succiono. Las piernas le tiemblan. Gime. Su capullo crece en mis labios y puedo imaginarlo amoratado. Va a terminar. Lo noto. Mi sexo chapotea, me froto cómo poseida.

Y llega. Por fin llega. Es la constatación misma de su deseo, de mi poder.

A veces la trago. Dejo que lata en mi boca, que golpee mi garganta una vez tras otra,  y la bebo regodeándome. En otras casiones la saco deprisa por verla golpear el aire sola, despidiendo sus chorros de esperma que me salpican en la cara, sobre los labios; que resbalan por las mejillas deslizándose hasta el pecho. Y me corro frotándo mi sexo con las manos tan fuerte cómo aguanto.

Es mi esperma, mi derecho, la constatación material de su deseo de mi, el símbolo de mi reinado.